Visita Proyecto Patrimonio

Visita Proyecto Patrimonio
Letras.s5 cambió de dominio

miércoles, 26 de abril de 2006

EL GRAN CAPITÁN

Con mucho dolor recibimos la noticia del fallecimiento del poeta Raúl Brózovich Mendoza (Cusco, 1928); último representante de una generación de artistas contestatarios, revolucionarios y bohemios, que hicieron del arte todo un apostolado.
Poeta por antonomasia, amigo entrañable pleno de entusiasmo, aún, en sus últimos días caminaba tocando puertas y corazones con el deseo de publicar una revista cultural en la que participarían las principales voces de la literatura y el pensamiento de esta parte de América, sin importarle la mala voluntad de los burócratas apoltronados en su mediocre reino de falsedades y que siempre le dieron largas o le tiraron las puertas en la cara; Raúl caminaba con paso lento, pausado, fumando, a veces, un cigarrito; aunque los vicios ya los había dejado para las nuevas hornadas de poetas en ciernes.
Pensativo, taciturno, con el alma llena de pensamientos positivos no desperdiciaba un momento para trasmitirnos sus ideas, sus ideales, sus experiencias, abriendo y mostrando las heridas sangrantes de su alma; como un ser que adivinaba el próximo fin de sus días, sin temor, sin exaltación; como un guerrero viejo acostumbrado al paisaje de la muerte, con la seguridad de la eternidad de sus cantos, sus poemas y la fuerza descomunal de sus metáforas, sean estás surrealistas, vanguardistas, nerudianas, vallejianas, que en el alambique de su alma se destilaron como licor o elíxir de inmortalidad.
De enorme personalidad poética, humilde, modesto, simple como un niño; lejos de él la auto-alabanza de los pobres diablos, los narcisistas y egolátricos, que con poemitas de sonido de hojalata y brillos falsos de oropel se llamaban a sí mismos: “poetas”.
“Brozo” era único, siempre se salía por la tangente, sin poder reprimir sus instintos rebeldes, desesperaba a quienes le hacían “homenajes en vida”, burlándose del afán filisteo de los que querían hacerlo morir en olor de santidad, que el despreciaba. Admirador de los poetas malditos, él mismo, con su intransigencia díscola y burlona, era uno de aquellos redivivo entre nosotros.
Desapegado de las banalidades de este mundo materialista e hipócrita, vivía en su poesía, en sus pinturas expresionistas hechas al carbón y crayola de cera, las cerámicas que decoró y grabó en mi taller, las veces en que me cupo el enorme placer de compartir las soleadas horas del trabajo artesano, siempre charlando, recordando anécdotas, de sus viajes, de sus frustradas empresas quijotescas, fue aquella vez que me hizo un reportaje bellísimo sobre mi pasión por el barro cocido y vidriado. En el taller, Raúl hacía sus modelos pensando en que podrían ser replicados por jóvenes pobres o campesinos para ganarse el sustento. Él, que vivía en una pobreza franciscana, obsequiaba lo que tenía en la mano: un libro, una herramienta, un poema, un consejo sabio. Tranquilo, sereno, como un apóstol, olvidado por sí mismo, abandonado por el mundo ¿gozó, acaso de la seguridad de una pensión “decente” por su trabajo en la universidad? Quizá la alegría más grande que tuvo fue cuando sus compañeros de trabajo le publicaron su último libro, “Los Versos del Gran Capitán”. Por que como gran capitán lo admiramos y lo tuvimos en la más alta estima.
Seguramente, su entierro convocará a “connotadas personalidades”, jefes de instituciones “culturales”; hablarán de él hasta los que no lo conocieron, harán la exégesis de su obra justamente los que lo detestaban, por lo de siempre: por artista irreductible y rebelde, por comunista o, algo peor que eso, por ser subversivo y maestro en el arte de la subversión del espíritu.
Los que lo amamos por su grandeza, los obreros de su “Fábrica de sueños” que apenas reprimimos unas lágrimas viriles, seguiremos orando con sus poemas diciendo:“Nosotros ingenieros del alma somos una/ Fábrica de sueños, / Energía – una locomotora del entusiasmo, nosotros / Queremos que la novia – poesía,/ sea algo así/ como un manifiesto saludable, repartida como el polen…/ hacia los 8 vientos de la patria”.
Raúl, gracias por enseñarnos a transitar sin miedo en el arduo camino a la inmortalidad.Ahora que ya debes estar en el Olimpo, disfrutando con la aristocracia del talento, sería insulso llorar por tu partida.
Julio Antonio Gutiérrez Samanez
abril 2006.

LUISA FUTORANSKY


Novedad Poesía Calambur Primavera 2006

LUISA FUTORANSKY. Prender de gajo. Colección: Poesía, 61. Madrid: abril, 2006. 92 páginas.
Cruce de crónica, haiku y balada, Prender de gajo confirma una vez más a Luisa Futoransky (Buenos Aires, 1939) como poseedora de una estética personal, de un estilo inconfundible que ha desarrollado con extrema coherencia desde su remota Buenos Aires a su exilio parisino.
Lúcida, levita entre las mayúsculas de la Historia y el encaje nimio, pero siempre dramático de los días. Futoransky juega con los referentes, conocedora de la cervantina malignidad del tiempo, devorador de todas las cosas. Con Prender de gajo, su obra editada en España supera ya la decena de títulos. A saber: Partir, digo; El diván de la puerta dorada, El nombre de los vientos, La Sanguina, De dónde son las palabras, Cortezas y Fulgores. (poesía). Son cuentos chinos... , De Pe a Pa (De Pekín a París) (ficción) y Pelos y Lunas de miel (ensayo).
Ha obtenido en tres oportunidades el premio del Fondo Nacional de las Artes y fue finalista del premio Planeta de Argentina. En España, ha recibido el premio Barcarola, el Carmen Conde, el Gules, el Antonio Camuñas y fue finalista del premio Anagrama. Francia la condecoró con el grado de caballero de la orden des Arts et des Lettres. En Estados Unidos se le ha otorgado la beca de la Fundación Guggenheim.
CALAMBUR EDITORIAL, S.L. C/ María Teresa, 17, 1º D. 28028 Madrid
TEL.: 91 725 92 49 - FAX: 91 298 11 94

LA FENOMENOLOGÍA DE HUSSERL


Husserl vindica el lenguaje como un problema de confrontación entre la expresión y la significación. Todo lo que se expresa, de hecho, significa pero lo que se expresa suele ser por defecto –según él- formas verbales o palabras que se desprenden de conceptos dados por la intuición o por los sentidos –conceptos esenciales, constantes o repetitivos-. A éstos últimos les llama “esencias lógicas” que habrán de buscarse, pues, producen unas unidades fenomenológicas de intención o de verbalidad con el tiempo, es decir una fenomenología lingüística, una construcción de significado o de expresión.

Por eso su pensamiento o análisis está basado en un regreso desde las palabras hacia los sentidos, desde el lenguaje construido hacia donde se empieza a construir y es aquí donde instala él “contundentemente” la significación: en el ámbito de lo intuitivo no “con-notado”, no advertido o contaminado por la palabra en concreto. Ahora bien, las esencias en la intuición radican en idealidades y la funcionalidad de éstas por sí mismas originan “su” conciencia trascendental, esto es, una conciencia que trasciende desde su pura manifestación o expresión esencial.
Desde luego, comprender esa expresión esencial en el contexto del lenguaje o del signo no es poco arduo e incoherente si se tiene en cuenta que cualquier signo –o palabra- es ya indicador de un significado mínimo o que indica obligatoriamente un contenido evidente del “acto” comunicativo o reflexivo. Pero Husserl, a pesar de tal incoherencia, urde o prepara un centro estratégico al cual depende el proceso lingüístico, el de la significación “en la soledad del yo”, en donde la comunicación se veta o se “niega” por lo que el sujeto se sustenta mediante el imperativo “¡a las cosas mismas!” (“principio de todos los principios”). En este supuesto el conocimiento –según él- es auténtico porque se manifiesta en el origen de la evidencia cognoscitiva gracias a la intuición y, puesto que este hecho se evidencia en un presente –o que la evidencia sólo es lo presente-, el “principio de todos los principios” es fidedigno de una esencialidad. Así pues, lo posterior a la intuición conduce a una no-presencia, a una degeneración de lo permanentemente originario y, por lo tanto, a una representación de ese logotipo preestablecido, es decir, a una alteridad o a una diferencia inevitable que “nunca” denotará “identidad”.

Para la fenomenología la temporalidad del lenguaje entra en el campo de lo trascendental; de modo que todo trasciende de “su principio”, de su único principio por el cual la presencia se convierte en no-presencia, la voz ideal o fenomenológica en trascendencia –por el “cogito” trascendental- o en significantes mundanos o sensibles. No obstante, junto a esto, la vida es y sólo es una constante de presencias y, además, intrínsicamente cualquier origen –ya por su acción- no es origen, sino conformación, diferenciación o construcción.En claro, la materia sólo atiende u obedece para existir a la acción y esta acción la forma; por lo que se deduce que no es un origen, no, más bien un principio (ley) lo que sostiene o permite que algo está formado porque actúa, significando esto que la acción es la misma presencia y que ella la forma –o que comporta una forma-. Sí, es inútil hablar de conciencia fija en un origen o en un centro, por razón de que la conciencia es acción-forma de lo que existe o –para mejor comprenderlo- que ella sólo actuando existe ratificando la forma de lo que existe.Sin embargo, Husserl alude al sentido de conciencia fija o esencial –o a una expresión esencial- que no indica nada para así depurarla de comunicación; por ello inventa un “cogito” solitario y silencioso, a oscuras porque nadie se entere de que existe –ni él mismo-, a lo que considera una “visión plena” o idealidad “aséptica” de voluntad expresiva. Porque tal conciencia esencial se encuentra –según él- libre de la motivación indicadora que se apoya en algo dado, no querido, no espiritualizado, afirmando que en esa “espiritualidad” está el ser humano cuando se encuentra “a solas”, para sí pero sin indicarlo, sin vivencia del entorno o de lo otro, mágicamente, con la “vida solitaria del alma”, con la presencia inmediata a sí.

Bien, pienso que la filosofía o la ciencia deben evitar estos errores debido a que el lenguaje no es una existencia taxativa con respecto a orígenes únicos portadores de los secretos del presente, sino es un elemento más de la conformación de la realidad humana; y no un instrumento, porque todo lo es de algo -lo que nos llevaría a una confusión o a una manipulación-. En efecto, si el lenguaje existe es sin duda porque subsiste en la realidad –al igual que lo demás-; lo que no quiere decir que contenga toda la realidad, sino partes o niveles de realidad que continuamente se acrecientan, ello en virtud de que un sólo presente no se adueña del presente en general, no, imposible en una evolución cíclica.Es verdad que el presente trasciende, eso lo sabe un niño de diez años, pero no desde un fijismo dogmático que sirva para determinar una presencia frente a una no-presencia, pues, en cuanto eso se haga, comenzará al instante un juego ineludible de manipulación: “antes”, “después”, “en medio”, “se aparta”, “se aleja”, “se representa” –pero ¿de qué ontológicamente?-, “se regresa”, etc. Es decir, se juega a reducirlo todo a una identidad “fantástica” y así lo demás se manchará o se impregnará de indicación, de procedencia que indicará sugestivamente una degeneración.

Husserl, casi como en una comedia, habla de “a-presentado”, de “ausencia –que siempre se tendrá con respecto a algo, nunca un ser vivo la tendrá con respecto a su pleno conocimiento-, de “no-significación” –por igual, siempre con respecto a algo significativo-, de “anonimato”, de “vida interior” –cuando la vida interior utiliza todos sus elementos de la vida exterior, en interacción-, etc.También, la base sobre la que traza la identidad, la intuición (*), no es un “mundo sobrenatural” ajeno al desarrollo cognoscitivo, sino la propia acción del vivir unas infranqueables condiciones de la realidad: un ser vivo o conoce que tiene que beber o se morirá de sed. Intuirá dónde hallará el agua, por supuesto, pero antes por su instinto –cognoscitivo- sabrá sin duda que tiene que beber; y eso es un acto de identidad, de que se identifica con ello con respecto al medio –o que se identifica dentro de la realidad-. Pues ya al decir un ser vivo “tengo sed” no es que represente la realidad, sino que reconoce su realidad; luego, claro, representará o puede representar mucho o lo que quiera, en función de una coherencia o no, o de una idealidad o de otra, pero antes reconoce los elementos primarios de la realidad. Por ejemplo: puede representa a un rey o a un símbolo como un paradigma del bien, de la seguridad o de lo divino, pero antes reconoce unas mínimas distinciones evidentes entre una piedra y un animal, entre quien engendra una vida –la mujer- y quien le engendra a ella tal posibilidad –el hombre-.No tiene pies ni cabeza que un ser “a solas” –como defiende Husserl- “averigüe” a la mujer como “paridora” de una vida sin antes al menos saber de ella o sin nunca haber conocido a una mujer y a los mínimos conceptos que intrínsicamente implica. Desde luego, lo primero es lo primero, y saber de la realidad es lo primordial, incluso antes de meterse uno a oscuras en la metafísica de la presencia y de la no-presencia. Un ser vivo no interpreta ni juega a las condiciones de la realidad, sino las sabe al vivirlas o viviéndolas; y luego que ya haga sus ideales o sus locuras.
(*) El contenido “eidético” de los significados ideales derivados de la presencia esencial o de la intuición.

Oswaldo ROSES

martes, 25 de abril de 2006

VENTANA DE MEDUSA


La editorial independiente Ventana de medusa anuncia para inicios de mayo 2006 la edición del libro de Enrique Verástegui "Yachay hanay/Tractatus logico-mathematicus". Dicho libro reúne 2 textos-límites en una suerte de ensayo sobre lógica, matemáticas, filosofía, esoterismo y poesía. Se trata de un texto édito y otro inédito, que se construyen en un intervalo de 10 años: 1995-2005. Este esfuerzo se suma a otros títulos publicados por la editorial como las antologías de José Pancorvo y Elvira Ordóñez, además, del primer libro de Ricardo Miyashiro "Canción Última".
En la fotografía Enrique Verástegui flanqueado por Armando Arteaga y Zein Zorrilla.
Fotografía: Archivo Armando Arteaga.

lunes, 24 de abril de 2006

ENSAYO SOBRE LA RAZÓN / JOSÉ REPISO MOYANO


RESUMEN

La razón es la razón y es independiente del interés del ser humano para obtenerla o no (aunquepara un punto de vista egocéntrico el objetivo esfrecuentemente ocultarla) Un animal a otro le dicequé es posible comer, cuál es el mejor modovital, etc., lo que es decir razones plenamenteaceptadas; pero, el ser humano utiliza la palabrapara comunicar sobre lo que él está interesado yno para recibir las cosas como ellas son: finge,miente y niega sin sentido. Cuando un científicoquiere censurar a otros y no acepta ningunarespuesta o postulado diferente, está fuera de unámbito racional y de un camino de verdad.


* * * * * * * * * * * * * * * * * *


1. LA RAZÓN: UNA PROPORCIONALIDAD DE CONCIENCIA

Algunos creen que la razón es un planeta al que hay que visitar todos los días o al que de vez en cuando –por modas- se deja de visitar. No, la razón es una propiedad, una condición humana que aumenta bien con unos conocimientos o bien con otros, o sea, con conocimientos diversos: por el mito, por la admiración, por la religión, por el rito, por la costumbre, por el arte, etc. Puesto que el pensamiento se hace de la experiencia o del aprendizaje que conlleva conocimiento, puesto que el conocimiento ha de recibirse del medio –no de la nada-, puesto que el medio existe al ser el sustento por el cual se actúa, se interacciona, se comunica su naturaleza.

No, la razón no es una opción, sino que “ya está” en una proporción mínima y, a partir de ahí, cada cual evita o disimula o, por el contrario, se abre para “producir” un mejor producto –resultado- sobre ella, en calidad. Considérese esto, en cuanto el ser humano piensa ya razona, en cuanto conoce algo también, en cuanto no quiere conocer ése algo en concreto también porque se dispondrá o procederá a otro conocimiento, otro inevitable conocimiento, aunque prescinda de una mejor calidad.
Así, cualquier conocimiento, cualquiera, siéndolo arrastra o contiene una dosis de racionalidad; bien, el que el mito pueda enseñar por ejemplo. Pero, por siempre, el mito es racional de base porque sencillamente los elementos por los cuales se enraíza –o se enraizó- son racionales (el descubrir la causa de algo ya hecho o creado, la veneración o protección de ese hecho o el temor o sufrimiento a perderlo). Lo que ocurre, siquiera, es que ciertos conocimientos se dirigen –en cuanto se cohesionan para “aunar” más realidad- hacia el reconocimiento de lo que actúa –es realidad- sólo de una forma en determinadas circunstancias; como ejemplos: el respirar, el comer, la evaporación, la deshidratación, etc. Sí, con esto –con tal disposición- se consigue una razón mayor, un mejor conocimiento consciente de la realidad, una objetividad.
De entre los conceptos, un concepto subjetivo, desde luego, no es lo mismo que otro concepto subjetivo –ni con el que se le parece- desde otra parte del mundo, sólo –por discernimiento- es un concepto subjetivo. A ver, ilusión no es lo mismo que sueño, por cuanto son dos conceptos subjetivos o usados por la libertad de tal o cual ser humano, pero los dos derivan de una objetividad o hecho común –que se proporciona desde un hecho-, los dos se producen por la esperanza, por la “acción de la esperanza” –en China, en Madagascar o en Filipinas-. Claro, digamos que de la "acción" de quienes esperan, de tal capacidad, unos prefieren llamarle sueño, otros ilusión u otros quimera a medida que sus circunstancias quedan determinadas de una muy personal predisposición o forma – derecho tienen sus sentimientos a que la busquen, ¿cómo no?
En cambio, otro asunto es que un chino se dirija a su médico para que le ampute un dedo gangrenado y le hable de la cabeza; he ahí que sólo sirve, sólo lo discierne, un concepto universal –a través de una palabra u otra, ya que se trata de un "contenido" identificativo-: el que contiene la realidad que significa un dedo, no una cabeza, no una serpiente voladora. He ahí que la razón corresponde a que, en verdad, sea utilizada por comprender o conocer la realidad; y no elige ella, sino que es elegida ante todo.
Para cualquier ser humano del mundo el concepto de “frontera” propende a un sobreentendido cuando, al menos, se alude en un contexto físico; en realidad un concepto objetivo es un sobreentendido –como son los conceptos instintivos-. El mar lo es, todos saben que es una acumulación de agua y que existe para… todos –al margen de lo que se le añada de connotaciones o de sugerencias que, en “suma”, también son necesarias-.
Desde eso, el racionalismo filosófico que se constató en el siglo XVII no descubrió la razón, sino que se “desembarazó” de un prejuicio establecido en torno a ella, de ése que insistía e insistía en concebir que cualquier conocimiento contenía el mismo grado o nivel de racionalidad, es decir, desinhibiéndose del geocentrismo imperante en tanto que no consintió todos los métodos como válidos –el todo vale- y, así, se avino a un discurso más racional, a una argumentación que eficazmente dio el primer paso –después del oscurantismo medieval- para desligar la filosofía y la ciencia de la metafísica teológica.
Cuando se habla de “idealismo” o cuando se defiende, no, no se exime del pensamiento o del análisis racional ya que la idea, eso, es una proyección del concepto –bien, a veces para verificar otro concepto-, sino que no quiere o prefiere no desligarse del subjetivismo por cuanto también interviene en la realidad social e individual; pero mezcla o “une” o elige confundir los conocimientos por una conformación kantiana o trascendental con las riendas del todo –de los conocimientos no discernidos- sin más pues, para que no sobre nada, mejor esa mezcolanza y que… salga lo que salga, lo que Dios quiera.
La razón, por supuesto, no reivindica: únicamente se reconoce con unos conocimientos y, tras ellos, con una conciencia conseguida al cohesionarlos –que es otro tipo de conocimientos-. A veces no se reconoce porque no se llega a un resultado consciente; como es el caso de Schopenhauer cuando propugna que no hay razón de ser de la voluntad y, de inmediato, concluye que sólo quiere repetirse. ¡Ah!, pues entonces ahí está una razón, una: precisamente la de querer repetirse.
La primera falta de reconocimiento empieza en que la voluntad sólo es una “ansiedad de conocimiento” –o por aplicarlo- y, si lo es, implica el ansia misma de la razón o del pensamiento en su devenir. En otras palabras, ansía el pensamiento –no la Luna-, lo que se tiene, no lo que no se tiene y, en efecto, todos los tipos de conocimiento inevitables. Por ello, es una trampa el uso partidario de la voluntad para hacer de ella una exclusión de su atribuido sujeto que la ejerce o un juego sin salida, pues la voluntad no la posee sino un ser, un ser con conocimientos que para seguir inevitablemente conservándolos o aumentándolos necesita voluntad. Es decir, tampoco es opcional la voluntad, no lo es, pero sí cuantitativamente o el incentivo personal que se le da para que aumente. ¡Ah!, pero para que aumente se requiere una conciencia de que así se desea, se requiere una conciencia o unos criterios madurados porque por ellos se oriente la voluntad hacia donde sea –considerando que la voluntad no existe sin orientación, sin orientación racional-.
Schopenhauer, además, sitúa a la voluntad en un proceso únicamente azaroso, como si estuviese existiendo con una establecida independencia con respecto al ser humano -o algo "metareal" por encima de él mismo-.



2. RAZÓN Y CONCIENCIA

El ser, el “algo existencial”, la forma material (1), el ente real (2) sólo puede –por existir- actuar; pero no actúa indistintamente, igual a todo lo que es real, sino actúa de una manera porque el ser y los seres, el acto y los actos, existan. No actúan, pues, los seres indistintos a través de una monoacción, por cuanto actúan en diferentes circunstancias e interacciones o, lo que es lo mismo, se remiten a la multiacción, a la condición que cada cual presenta ante unos principios del movimiento (quinesionomía). Es decir, el que actúa, el “actuador” situado obligatoriamente en el espacio y en un contexto interactivo –no en la nada- lo hace a o de una manera interactiva, de una “forma”. Por eso la razón respeta –no impone- que existe un “actuador” para que se haga la acción –el movimiento- y un modo de hacerlo –no pasivamente, no quieto-.

La razón no la ha inventado el ser humano ni la naturaleza sin son –puesto que sería negarle a ella su acción y sus condiciones-, por el objeto de que reconoce –inherencia inevitable al existir- que está lo que actúa y lo que consigue, lo que produce o, en efecto, hace al actuar de un modo –con una “forma”-. La razón la posee todo ya al existir –por ser actividad conlleva una conformación de actividad-, lo que un ser puede o no puede alcanzar es la conciencia de razón y más optará por no lograrla si ha alimentado una sublimación –algo anexo a la razón-, un narcisismo excesivo de la emoción que se encamina al desprecio –no reconocimiento- de su propia naturaleza.
Un ser humano “sabe” que “es” la naturaleza y que se suma como un ser vivo dentro de ella; sin embargo, luego con la emocionalidad de sí, por su cultura que extiende, con su condición o su “forma” va imponiendo una uniformidad que él se cree –se sugestiona negando-. Entonces se urde antropocéntrico, considerando que la razón gira en torno a él pudiéndola manipular como quiera, considerando que él sólo ha determinado la razón, que la puede así utilizar en pos de su emocionalidad antrópica y, además, que la puede engañar, que la puede… destruir.
Su voluntad emocional le insta a separarse de la naturaleza como “yo” especial, poderoso a medida que niega, riéndose con el “todo vale”, escupiendo a su medio a veces con la frivolidad más deforme o descabellada, más incoherente. Pues elogiará, amoldará y apuñalará a la razón porque entiende emocionalmente que es suya, ¡suya!, no de la naturaleza, ¡suya!, como un dios omnipotente por encima de todo, de lo más grande y de las tinieblas. Pero no reconoce conforme su emocionalidad niega, en tanto que habla del “yo” y, más lejos, la naturaleza a rastras, a sus pies deseada suplicante a lo que su corazoncito endiosado pisa, impone para sí, antepone, enciega con pasotismo y, si no, decide la ira temiblemente, morbosamente emocionada con sus armas.
A veces cuando habla del ser se sitúa él y todo lo que no es él, el Ser y el Universo, Él y el Universo, cara a cara, frente a frente y la razón en su afán la adapta a eso, luego como bocazas gritará: “¡La realidad no la percibo (pues su emocionalidad se impone), yo he creado una nueva realidad!”.
Empero la realidad –con toda la razón de serlo- lo ha permitido a él, sólo ella ha actuado para que sea, sólo ella “quiere” que eso diga, que se tranquilice y reconozca –al fin- que ella lo ha ofrecido, lo ha “parido”.
No obstante, el “hijo” con aires de grandeza desea inventarse un tratado sobre él y lo que él crea, apegado a su emocionalidad inquisidora, reprochando que no la percibe, no, sino que él –Él- posee la suya, una venida de ninguna existencia ajena a él, como trascendida de su centro o nada, de su propia mentira.
Comoquiera que un tonto se sobrealimente, la realidad únicamente pare realidad –es la razón- y cada una de las células o sus interacciones reciben realidad y, por ello, conocen realidad porque, cuando reaccionen, su expresión física y natural sean –sin remedio- realidad.
La razón no la depara un “más allá”, un talante de un soplamocos, una emoción loca de un sí y un no al mismo tiempo, de un vaso medio lleno o medio loco, de un seudofilósofo borracho u onanista del ser o de su poesía excrementada: no es más que el reconocer que se vive –aunque se niegue- realidad, que se dice –aunque se niegue- realidad.
El ser –algo que actúa-, cualquier ser, no supone menos ser que el ser humano, y corresponde a la realidad, a lo que existe real (3) en un contexto real. Ahora bien, la realidad tiene –porque sucede con razón- sus condiciones, sus “posibilidades” en ese contexto en concreto; es decir, se atiene a unos principios, a unos “universales” con respecto a unas u otras circunstancias: es realidad que se ordena “con” los recursos por los cuales puede ordenarse. Y esos recursos han de existir porque se ordena, porque sea.
Un universal no se restringe al mismo hecho, a la sustancia, al ser, sino a la “capacidad” real de lo que puede hacer; por lo tanto no es cierto lo que defendía Ockham (“Que el universal no es sustancia existente fuera del alma”), sino un universal guarda su equivalencia con las “posibilidades reales” a las que se encuentra condicionado un ser. Por ejemplo, no es sólo un universal el movimiento, sino una capacidad concreta y determinada –debido a unas condiciones- por ser más o menos movimiento. Son universales las “cualidades” de los elementos, la razón de ellos por expresar el movimiento (la susceptibilidad al calor, a la interacción con otros elementos, etc.).
Una sustancia es lo que comporta una realidad y el desencadenante de una realidad. El ser humano es una sustancia (universal), puesto que comporta una realidad; aunque lo demás, las otras formas desencadenantes de su realidad también son sustancias con la consideración de que, una sustancia, de hecho, establece una forma de actuar, una distinción y, por ende, una analogía con respecto a otras con una proporción en condiciones semejantes. Por ejemplo, en “El perro es un animal”, el perro no es sustancia por ser animal solo sino, por entre otras condiciones, por ser animal. El perro no tiene la única, la aislada, condición de ser animal; más bien, por ser animal, al serlo, presenta una condición imprescindible que es la de ser animal.
Por lógica es incierto que perro = animal, como es incierto que máquina = energía, como es incierto que signo = expresión; entremedias hay, se desenvuelven, diversas condiciones para que el perro, la máquina o el signo “sean” un animal, una energía o una expresión respectivamente.
Lo que pasa es que el ser humano es emocional, dado a las reducciones y a las sublimaciones. No, no es que pida un coeficiente intelectual por encima de doscientos, sino que, con menos, por un niño –mediante la enseñanza- se debería avanzar respetando lo que nos rodea o lo que nos conforma y nunca contra natura. Si se enseña por sistema a desarrollar –anejos- unos conocimientos retorcidos –por mi parte rechazaría tal educación-, entonces, de inmediato un niño podría identificar o aplicar un método de entendimiento así: energía = expresión = animal, adecuado a que la energía expresa un animal, al lado de energía = animal = expresión, adecuado a que es energía un animal que se expresa o es la energía un animal que se expresa, al lado de expresión = animal = energía, adecuado a que la expresión es un animal o un animal energético.
Las reducciones o paralogismos que en algunos científicos y pensadores he advertido conducen a un menosprecio por lo más sencillo a favor de emociones cada vez más arriesgadas.
Y es que, encima, la moda es lo que anteponen los medios de comunicación a cualquiera que no, que no está a la moda de negocios o seudorazones.


NOTAS
(1) Duns Scoto (o Escoto) pensó que la materia puede existir sin la “forma”, que ésta la da la razón; algo imposible, por cuanto la materia ha de tener una actuación –al ser movimiento-, una manera, una forma de actuar.
(2) Siendo el “ente” (o “étant”) una noción del entendimiento, a veces subliminalmente de lo que no existe, cuando se une a “real” se trata del ser, de lo que existe, de lo óntico real.
(3) Lo que existe es real, posee realidad –actividad- de existencia; en cambio, “existe” la inexistencia como delimitación, no porque exista “realmente”, sino para reconocer que lo que no es real no existe, es “inexistente”.


3. LA VOLUNTAD RACIONAL O REALISTA

Nosotros, los seres humanos no pertenecemos a la historia en un sentido efectual (1), en un solo sentido, sino en todos los sentidos que nos hereda el pasado, pues estamos “comprendidos” en él.
El pasado amplía, predispone, desde luego no reduce el progreso más o menos eficaz que implica la humanidad, en cuanto a proyecto, a proyección de sus consecuciones; es decir, lo desarrollado técnicamente le irá al ser humano condicionando y, asimismo, lo que haya conseguido socialmente o culturalmente.
Eso supone que no es un resultado a secas expuesto en el presente, sino un modo de ser, una continuidad de ser, una disposición nueva o sucesiva del ser que condiciona al presente: un plus, un modelo, una tendencia inconsciente o inmanente, una cierta reacción que dispone ya al “vivirse”. No se localiza de improviso en el presente; mejor, se encuentra facilitado en un presente, en uno en el cual se rehabilita, conoce más y, por ello, depara más conciencia en él; por lo que “controla” cada vez más mientras actúa.
Tampoco está adecuándose para un fin, “ad hoc”, sino se sobrealimenta sin un fin, aunque previendo un suyo propio y otro social de acuerdo con su pasado y con la continuidad de éste que no puede erradicar como sustento.
La voluntad del ser humano quiere comunicar cultura, quiere “entenderse” como cultura, quiere no renunciar a ciertas tradiciones, de su “tempus mitológico” incluso, de su no-sentirse-solo como estímulo; pero, antes, se encuentra inmerso en toda su “naturaleza continua”, en su precedida comunicación e interacción y, por ello, arrastra o conlleva multitud de conocimientos que lo “determinan” como ser-acto, ser actuado y actuante, ser continuo, ser como una actividad concreta o complementaria de la naturaleza misma.
Aquí es donde Heidegger -en esencia- se equivoca; puesto que el ser (Dasein) no es un ser-ahí, arrojado ahí, situado fijamente ahí, no, debido a que no tiene una situación precisa como un ente independiente, solo, como una pretensión óntica (1). El ser no posee una “torre de marfil” o una casa propia aunque la busque su voluntad, en cuanto a que la esencia del ser consiste en que participa en la realidad o, por tal axioma o evidencia, es esencial para la realidad.
Así, el ser humano –con sus ya conocimientos dados y con sus nuevos conocimientos- va propiciando en su medio una mayor comunicación y entiende, por un lado, la cultura o sus sentimientos y entiende, por otro lado, lo que no puede soslayar como evidencias comunes: conformaciones de hechos que son expresiones de la naturaleza y que él sólo puede reconocer o admitir –o profundizar en ellas si quiere conocer más- sin más remedio. Por ejemplo, si alguno se le ha muerto su vecino puede admitirlo o negarlo como voluntad, pero “su razón interior” –la de su propia naturaleza-, su racionalidad insobornable o natural ya lo ha admitido. Por ello, cuando la voluntad admite como conocimiento a la evidencia o a la razón existe una conciencia –un conocimiento que se responsabiliza de seguir una coherencia-; cuando no, esa voluntad sólo es racional en un principio natural –de realidad-, pero prescinde de un conocimiento en concreto, pues lo eluden sus emociones contra una conciencia en concreto que prefieren postergar o carecer en cuanto que la voluntad anímica prioriza -por comodidad- los sentimientos, sobre todo el sentimiento de antropocentrismo o de sublimación. ¡Ah!, sin embargo, en ese extremo, se concentra la falta de entendimiento de la realidad, también del “otro”, por solucionar problemas o por fortalecer una coherencia. En este caso la voluntad anímica defiende unos intereses arbitrarios o subjetivos en donde frecuentemente anidan el dogma y los prejuicios.
Los prejuicios omiten el razonamiento, se anticipan a la evidencia o a la demostración, sí, desligan, aíslan los factores que convergen en un hecho; y los ensalzan ya desvinculados del hecho “complementado”. Es decir, los prejuicios no dan cuenta de la amplitud del hecho como base, sino por intención de efectos aislados, convenidos en forma aforística o subliminal a través de unas emociones puestas en juego. Aquí hablo de la voluntad emocional que entiende tendenciosamente, en un narcisismo alimentado, cada experiencia; y no se preocupa tanto o lo más mínimo por la razón, por la voluntad de razón (2): ese admitir el hecho, ese buscar las causas del hecho y ese atribuir unas consecuencias directas al hecho.
Conque la voluntad emocional se centra más bien en un “yo” en contraste con la voluntad racional que se “des-centra”, esto es, que analiza o busca por medio del hecho todos los factores directamente relacionados en o con él: se abre. La razón busca y es buscada metódicamente; en cambio, el prejuicio se dirige desde un “yo” y dirige ante todo un “yo” que todo lo justificará.
La razón –también- halla los factores comunes a determinados hechos, de manera que comprende la realidad por patrones o reglas (lex naturalis) por las cuales “se hace”, esto es, la razón entiende el cómo “se hace” la realidad más que el mero concebir de antemano qué es –que sería un prejuicio-. La molécula de agua “se hace” con dos átomos de hidrógeno y con uno de oxígeno: eso es la razón, el método racional para todos igual. La metodología racional atiende a cómo se comporta el ser o su naturaleza para comprender la realidad antes o por encima de imponerle un significado subjetivo (3) u ontológico o hermenéutico.
No obstante, si los seres vivos mantienen una voluntad taxativa a los cauces de la supervivencia (4) –o sea, se mantienen en una situación realista-, el ser humano –por intereses emocionales o egocéntricos- ha teatralizado una voluntad de la negación –totalmente gratuita a veces-, del engaño. Por supuesto, es el único ser vivo que especula sobre el engaño, que se ha culturizado en y con el engaño –en esto el tabú ha influido bastante-. Elucubra la utilidad –para él casi siempre- de lo que va a decir; y luego decide en función de esa utilidad. En ese sentido, su proyecto emocional –en torno a la intimidad- lo sobrevalora por encima de cualquier situación, o sea, organiza –a su favor, por lo que crea reglas a su favor- lo que va a decir adelantándose al otro, por competir con el otro, con unas reservas o mentiras piadosas que no pongan en riesgo su… proyecto emocional. Si, los seres vivos utilizan reservas a medida que actúan, pero no desarrollan una tendenciosidad emocional antes, no predisponen una intimidad como -en bloque- un recurso para controlar a los otros y, por ello, sí, salva o maquilla a su favor cualquier suceso o situación.
En resumidas cuentas, las informaciones que ofrece el ser humano no siempre son objetivas o depuradas por una voluntad racional en donde una coherencia garantiza o reconoce una referencia a hechos, sino que asimismo existe una voluntad emocional que mitiga o solapa a la anterior impidiendo que se priorice.
Si la ciencia y la razón es amplitud, sin embargo evidente es que se desencadenan proselitismos o grupos intimidados por intereses económicos, nacionalistas, religiosos o políticos –incentivados por premios u honores de conveniencia- que eluden una objetividad y, en consecuencia, la razón se dirige –de forma secuestrada o como dirigismo- hacia una dirección que excluye o destruye irremediablemente a un librepensamiento o a la librerazón en suma–puesto que no debe atarse o incentivarse con tendenciosidades, como se hace en la actualidad, manipuladoras-.

NOTAS
(1) Heidegger distinguió lo “óntico” –referente a los entes- de lo “ontológico” –referente al ser.
(2) Kant se percató de una diferencia entre el “entendimiento” sobre lo particular y la “razón” sobre lo más ilimitado; pero, en cambio, dio una preferencia al “entendimiento” sin advertir que se entiende emocionalmente un hecho –algo que la razón no hace al entender con prioridad racional un hecho, con pruebas y con argumentaciones-.
(3) Algo de la realidad nunca puede ser “relativo”, por cuanto “ya es” absoluta realidad; y ese término malogrado conlleva negarle esa “absolutez” existencial, por lo cual un antropocentrismo o un convencionalismo dogmático no puede negarla, imponer la no-existencia real de algo. Es como definir calificativamente con “inexistente” cuando se habla de una “existencia” –el término “inexistencia” sólo se utiliza para ratificar lo absoluto de “existencia”, es decir, corrobora o ayuda a ese hecho al usarse como recurso de delimitación.
(4) Este término, a la vez, es equivalente al Principio de Conservación; algo actúa sin duda por continuarse, por sobrevivir, por extenderse, por seguir siendo.
José REPISO MOYANO

martes, 18 de abril de 2006

EMILIO ADOLFO WESTPHALEN - CUÁL ES LA RISA

Emilio Adolfo Westphalen. Cuál es la risa. Barcelona: Editorial Auqui, 1989.


Reproducimos 3 poemas de la edición realizada en Barcelona por Vladimir Herrera con una imprenta artesanal en tan sólo 250 ejemplares. Los poemas de Westphalen pertenecen a fines de los años 30. André Coyne encontró esta serie en uno de sus portafolios.
*
Cuál es la risa leve cubierta de espuma
Que anuncia el amor
Cuál la túnica desvanecida que oculta
Los lentos puñales ciegos del amor
Cuál el momento en el cual aparece indudable
Benévolo golpe de sangre sobre la arboleda
Y los trozos de un cuerpo en estado de putrefacción
Aún se hacen visibles sobre la muralla de mármol
*
AMOR ETERNO
Da miedo, a veces, encontrarse con que el
camino cae a pico y que hay que bajar agarrándose con
las uñas de las rocas. En esta circunstancia, no se puede
sino aconsejar que a cien metros del suelo se suelten las
manos. La caída es deliciosa: el cuerpo se ha hecho permeable;
lo atraviesan flores, hojas aromáticas; riachuelos,
algas, espuma del mar, hilos de lluvia, cabellos de mujer,
copos de nieve. Estos, al fin, se solidifican a su alrededor,
para luego estallar tal una granada arrojada con violencia
al rostro de la mujer amada, que aparece sonriente
tras las trayectorias vertiginosas de los granos rojos
*
EL SUEÑO
Los gérmenes poéticos del sueño resultaron
ser, no como los pobres profesores, los mezquinos
críticos realistas trataron de hacernos creer, un nuevo
paraíso inalcanzable, un espejismo, sino los gérmenes
nocivos y actuante, los útiles reactivos para
corroer la infame realidad. El sueño no es un refugio
sino un arma. Los malos instintos de libertad danzan su
ronda diabólica. ¡Fuera la conformidad, la resignación,
la medianía! En su esputo negro ahóguense
los bellacos, los explotadores, los que aprovechan la
miseria de los más, y la maldita clerigalla, y el abominable
espíritu religioso, y los fantasmas cristianos,
y los mitos del capital, y la familia burguesa , y la
patria infamante. La libertad del hombre, es decir, el sueño
acuñado en la realidad, la poesía hablando por la
boca de todos y realizándose, concreta y palpable,
en los actos de todos

jueves, 13 de abril de 2006

ARQUITRAVE CUMPLE CINCO AÑOS

La revista de poesía colombiana, impresa y virtual, cumple cinco años.
La frase de José Lezama Lima: “Podemos ofrecer el único método para operar en nuestras circunstancias: el rasguño en la piedra”, parece escrita para esfuerzos como el que un empecinado poeta colombiano viene realizando contra lémures y desidiosos. Harold Alvarado Tenorio ─siempre incólume, siempre délfico e icárico─ ha logrado con su revista y la editorial homónima no sólo la rara cualidad de mantenerse, sino la más rara de no regalar concesiones oficialistas o populistas, de olores comerciales. En soporte electrónico o en el tradicional papel que desaparece más rápido, las labores de Alvarado Tenorio son una metáfora donde se funden ─simbiosis no es sincretismo─ dos verbos que su tocayo Bloom exalta como única forma de enfrentar la trivialización multiculturalista: elegir y agonizar. Nuestra Arquitrave esencial ─por respetada y apetecida─ une, en efecto, las dos vocaciones constitutivas de la fortaleza. Ha elegido sin distingos entre lo culto y lo popular, es decir, ha elegido el escabroso sendero de lo poético, en su sentido griego: poiesis. Pero a la vez ha buscado el encuentro con el agón, es decir, con la cotidiana competencia que rehúsa aldeanismos o nacionalismos, etnias o géneros, políticas o lenguas… Pues sabe cómo en un mundo cada día más chiquito ─y más atroz─ la literatura no debe ser víctima de apellidos espurios, de aditamentos demagogos o de una academia cada día más mediocre, empeñada en graduar peñas pedregosas, sin redundancias. Es por ello que ayudar a Arquitrave contribuye a respirar mejor. Y no se trata de aplaudir para luego lamentar, es más sencillo: Debemos fomentar una campaña entre los elegidos agonizantes para que Arquitrave no carezca del mínimo soporte financiero que le es imprescindible, sea en forma de suscripciones o de donaciones. Y de ahí que este párrafo fraternal comience con la cita de Lezama, que también supo nadar en el vacío, burlarse de los que nada saben acerca de la calidad de vida, y lograr un rasguño… ¡Cada uno de los rasguños de Harold y su Arquitrave son orgullos nuestros! ¡Y seguirán, seguirán! En el oráculo de Delfos ya la pitonisa nos había convocado primero en griego y después en italiano (architrave, trabe maestra) a sostener el tablado. ¿Acaso no estamos sobre el capitel de la columna?
José Prats Sariol, en Puebla, primavera y 2006

lunes, 10 de abril de 2006

EL BILLAR DE LUCRECIA LLEGA A LIMA


Ediciones El billar de Lucrecia hace de su conocimiento que ya se encuentran ejemplares de sus dos títulos a la venta en Lima en las librerías El Virrey y La Casa Verde.

Hatuchay del poeta argentino Washington Cucurto
Multicancha del poeta chileno Germán Carrasco

Próximo título:
Los amores del mal de la poeta cubana Damaris Calderón

http://elbillardelucrecia.blogspot.com/

SOBRE LA NATURALEZA HUMANA Y TAMBIÉN SOBRE LA MANIPULADA


El dolor es connatural al ser humano pero psicológicamente no; pues depende de unas sensibilidades cultivadas socialmente y de unos valores humanitarios -de una civilidad-. Así, mientras unos sienten dolor ante un niño que pasa hambre otros al momento siguen con lo suyo o, incluso, ganando más y más dinero como si nada, como si tuvieran escrúpulos de piedra.Digamos que mientras unos se conduelen ante una injusticia o son coherentes ante ella -fieles, consecuentes, equilibrados- con unos valores sólidos otros siguen o copian rápidamente a un tal Berlusconi el Grande derrochando medios para su egolatría o a sus tonterías sin arreglo por doquier. O sea, unos responden -se conmueven- con dolor ante lo que no pueden aprobar o dar las espaldas o a lo que es realidad -y se les considera a veces enfermos- y otros, sin embargo, son imitados sólo porque tienen "poder" aunque no tengan vergüenza...; pero mediáticamente se admiran porque tienen "poder" sobre los demás copiadores de tonterías -cuando son esos los verdaderamente enfermos mentales o alejados de la realidad-.

OSWALDO ROSES

viernes, 7 de abril de 2006

RAUL BROZOVICH


Murió el poeta Raúl Brozovich

Fue miembro de la generación literaria del 50 y fundador del grupo cultural Rumiñahui.
Raúl Brozovich Mendoza (Cusco 1928 - 2006), falleció el pasado miércoles 5 de abril en la Ciudad Imperial. Su obra no fue muy conocida por la crítica literaria nacional, pues al poeta no le interesaba figurar.
Sin embargo, en más de una ocasión sus poemas fueron dados a conocer en distintas publicaciones, entre las que figuran con poemas de Luis Nieto y Bertha Degregori en Exposición de la Poesía Contemporánea Cuzqueña (1958).
En 1969, Víctor Loayza le publica Poemas y en el 2003, el sindicato de trabajadores de la Universidad Nacional San Antonio Abad le publicó Los versos del gran capitán. Ha sido fundador de varios grupos culturales y obtuvo, asimismo, varios premios y reconocimientos a su obra literaria.
Libros
Antologado en Exposición de la Poesía Contemporánea Cuzqueña, Poemas, Memoria Poética y Los versos del gran Capitán.
Publicado originalmente en La República, 7 de abril 2006.

jueves, 6 de abril de 2006

DICTADURA Y DEMOCRACIA


Cuando la Democracia y la Dictadura se parecen tanto

Todo el mundo se pregunta, ¿porqué la candidatura de Ollanta Humala esta calando tanto en el pueblo peruano, pero especialmente en los sectores más desfavorecidos, ese que las encuestadoras han objetivado con las letras D y E, letras que en el fondo esconden las palabras desesperanza y engaño?.

Cuando las políticas se trazan a espaldas de estas mayorias y más aún, cuando estas se elaboran sin tomarlas en cuenta y a estos sectores se les considera como el costo social que hay que pagar por el desarrollo, a lo que estamos asistiendo es a la creación de la ecuación democracia=dictadura.

Todos aquellos que en este momento estan asustados, invocando a todos los santos y virgenes del pantheón católico, se han puesto a pensar si estos sectores fueron incluidos dentro de las negociaciones con los EEUU sobre el Tratado de Libre Comercio. Lamentablemente tendremos que decir que sí , pero como costo social. Siempre se les incluirá como parte del sacrificio, esto ha sido así en dictadura y en democracia lamentablemente, por lo cuál nunca se ha podido diferenciar la una de la otra para ellos.

Después del doloroso costo social y económico que dejó la lucha contra Sendero Luminoso y cuando todos creíamos que con la Comisión de la Verdad habría sanciones ejemplares para todos los implicados en este acto de crueldad y repudio a la vida, ¿que tuvimos como resultado? Que muchos de estos implicados sean hoy en día candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la república y que muchos de ellos integren las listas parlamentarias.

¿Hemos hecho algo para construir la verdadera democracia desde los partidos políticos? Lo que el común de la gente percibe en esta mal llamada fiesta democratica, es corrupción y más corrupción y el resultado de ello es ese voto desesperado por tratar de frenar ese cáncer que nos carcome y no nos permite gozar a todos los peruanos sin excepción de la inmensa cantidad de recursos naturales que hemos tenido la suerte de heredar de nuestros ancestros.

¿La derecha peruana alguna vez a tratado de romper ese cerco racista que la caracteriza? Y ¿la actual izquierda democraticas peruana a logrado elaborar un modelo de vida alternativo al que propone el capitalismo salvaje o solamente se han limitado al reparto de las utilidades que dejan los negocios y a maquillar el sistema para que no nos duela tanto?

¿Alguna vez después de las campañas politicas presidenciales los locales de los partidos politicos han seguido funcionando, estableciendo los vinculos con sus electores, dandoles alcances de sus trabajos en el congreso?

Es por eso que la democracia se parece tanto a la dictadura, que hasta el argumento de acusar a un candidato de alentarla pasa desapercibido en los oidos de los electores, sobre todo de aquellos que Frank Fannon llamó “los condenados de la tierra”.

Alberto Paz de la Vega M.

lunes, 3 de abril de 2006

TALLER DE ESCRITURAS

lunes de 17 a 18.30hs = escrituras poéticas
lunes de 19 a 20.30hs = escrituras y lecturas de obras *

ejercicios de escritura / lectura de trabajos propios y ajenos / temas de la poesía en gral. / desplazamientos hacia lo visual / forma y contenido / conceptos editoriales / criterios de publicación / presentación de obras e invitados que hacen a la región

* destinado a quienes tienen un trabajo de escritura cruzado con otras disciplinas (terrenos de confluencias)


guillermo daghero = andrea lópez
poeta , artista visual ; artista visual , librera



miércoles de 17 a 20hs = escritura de textos breves en prosa (ficción y ensayo)


_ grupos de trabajo en función del género de interés
_ ejercicios de escritura a partir de consignas individuales y grupales
_ estímulo y acompañamiento personalizado en la producción
_ lecturas y de análisis de cuentos, relatos y ensayos de autores conocidos e inéditos
_ presencia de escritores invitados que comentarán su experiencia en el campo de la literatura


gustavo pablos
ensayista , crítico literario


inician 10 de abril



para información , escribir a
http://e1.f530.mail.yahoo.com/ym/Compose?To=gdaghero@yahoo.com.ar = http://e1.f530.mail.yahoo.com/ym/Compose?To=consultaller2006@yahoo.com.ar o a gpablos@arnet.com.ar

para inscripciones , en
DocumentA/Escénicas _ lima 364 _ te 0351 429 0280 Cba. / info@documentaescenicas.org.ar

CINCO POEMAS DE EFRAIN MIRANDA