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jueves, 28 de febrero de 2013

SEIS POEMAS DE MARIO MORQUENCHO



RÍMAC


Yo me molesto con la vida
— Y no sé por qué con ella—
Cuando paso el puente
y veo flotar cartitas de amor en heces por el río.
¿Suicidarse desde allí?
—¡Ni loco!—
Seguro la muerte no se animaría
a recoger mi alma confundida
entre toda esa mierda debajo congelada
donde el sol y el infinito
cierran los ojos para no reflejarse en las aguas.
Hasta he llegado a creer que mi reloj se malogró
y dejó de jadear, por hacerme el valiente
estando más de un minuto,
con la esperanza de ver algún loto
entre esa nausea acuática.
Ningún arco-iris se atrevió
a defecar por esos lares,
sólo las nubes que a veces escupen,
o algún borracho que micciona decadencia.
Si alguno de nosotros fuera pez,
estar en esos charcos sería:
cumplir cadena perpetua
encerrado en la comunión de todos los gases,
o respirar en la entraña de los estreñidos.
Yo me molesto mucho con la vida
cuando paso el puente y veo ese río,
como un portal parecido a los que salen
en las películas de ciencia-ficción:

este río es el portal que nos aborta
hacia el vomito infinito
de dios.



ASESINATO EN LA CALLE OMICRÓN


Lo he matado. Me he vengado de los meses de invisibilidad. De ser como cualquiera. De ir a trabajar un día como hoy, de estar afeitado y tener el cabello recortado, con el rostro impecable, el piqué y el pantalón de color azul pulcros y planchados, los zapatos negros brillantes como un charco que la lluvia ha creado… y nunca olvidarme del fotocheck con mis 26 años encima y la cara de loco olvidado en la maquinaria cotidiana de las horas  de ser un empleado con el sueldo mínimo. 

Me he vengado de abrir la puerta y bajar las escaleras a las 7 y 30 de la mañana, de lunes a viernes, bajar las escaleras de fierro y en espiral todos los días sin tropezar siquiera porque salgo a las justas. Me he vengado de subir al bus de la rutina, del diario matutino, del noticiero de las 6 de la mañana, del gallo que sobrevive como un reloj en la azotea, del café con leche y la carretilla de la esquina. 

Lo he matado con el cuchillo con que corto el pan y lo unto con mantequilla.
¡En mis manos sangra cotidiano! La epilepsia, la agonía, la sangre por la boca, los ojos que se alejan de ser ojos, el rostro que se aleja de ser rostro.
¡Lo he matado, estoy seguro!

Me he cansado de ver su rostro, de ver los restos inmóviles, la incertidumbre de la muerte y el crimen. He optado por envolverlo con los periódicos pasados, envolver los restos, al cadáver cotidiano envolverlo con las noticias de la semana pasada, con el suicidio de ayer en un hostal perdido en la bruma de la madrugada en Lima, envolver sus extremidades con el abuso policial y la corrupción de los ministerios y el puto sistema capitalista, envolver su dorso con las estadísticas económicas y las encuestas políticas, volverlo a envolver con la injusticia social, con los jubilados que mueren haciendo cola, con los enfermos y los niños que lo único que tienen en la vida es una enfermedad extraña que se llama olvido, con los jueces que se hacen ricos y los clérigos prostituyendo el paraíso. Los buenos son pocos y contaditos.

Después de envolver al cuerpo como una estatua de papel periódico, como una obra de arte de lo que lees antes de ir al trabajo o lo que ves en las noches antes de dormir, bien envuelto todo, cada uno de los cabellos, las uñas, los bellos sombríos, envuelto el reloj y la alarma, el tatuaje en el hombro, la cicatriz de la rodilla, los pies, los caminos, la lagartija que le sale del sueño envuelto como un regalo y todo desaparecerlo dentro de una gran bolsa de plástico negra, canjearlo por una nube, por un día sólo conmigo mismo…
Lo he matado, sí
¡Lo he matado!
¡Lo he matado!

El cuchillo en la mesa viste bermejo
y baila tango…
baila tango el muy pendejo.


De Ciudadelirio (2010)



1


Sólo perro y gato
entran al bar por la puerta
—qué vieja tiene el vaso—

sigamos hablando del gringo que mató
de un arponazo al viejo buzo
el mar se contrajo a charco de sangre
y la abertura en la cabeza liberó peces
en el cielo rojo como el sexo de esta playa
donde los veleros se levantan
reclamando aire y aventura
—pon otro bolero y tráeme la correa
que estos chibolos joden la paciencia—

                       Ay diosito
envuelven la sobriedad como un cadáver
      HOY ESTOY AL DÍA EN LA LOCURA
           como una estatua que huye
    donde el viento consuela las palabras

la divagación de este ebrio canta:
«vida mía, qué quieres que yo diga
                 qué quieres que yo haga»
si esta botella tiene las últimas gotas
                      de sangre y de cerveza

cómo nos arde el espinazo en la faena obligada
                                      al frente            mar!
                                          detrás            mar!
                             a los costados            mar!
                en todos nuestros ojos            mar! mar!
espéranos con un pez en la boca
que en altamar no hay bares ni momentos como este
                       —qué vieja tiene el vaso—

perro chusco cruza la calle y es tan hermoso el pulgoso
                                                 manclenco
                         menos el ladrido ardiente
al besar el ave muerta las faldas del cerro
    que tienden la sombra sobre las arenas

    Ay mamita linda
porque hay tanta gente que no entiende
dónde van mis pies caigo podrido
y las viejas dicen:

                            miren al hijo de tal
                            es un palanejebe
                            y tiene pa’ sus aguas
desnudo bailando en medio de la plaza
grito:

miren   carajo  este borracho
   tiene vidas como el gato
      pulgas como el perro

        este borracho bien volao
            pide su vaso y su cigarro

              este borracho grita:
                  delirio ocupa este vaso

                    este borracho
                       con la humanidad al aire
                           alimenta a las aves del pueblo

                este borracho   cruza la calle
   perro chusco pulgoso   cruza la calle
             y pican los versos rechonchos
                                             de sangre

A YYY P O E S I A P O E S I A P O E S Í A
                      como el gringo que mató
                de un arponazo al viejo buzo
                            INCRÚSTAME este vaso
                                         en la cabeza




3


Rodarán las cabezas de familia
                   por el piso rojo pegajoso
                          y maloliente de los bares
rodarán como el desplume de las aves
destripadas en la orilla de los mares

ahora nuestro amigo pide a señas la ronda de esta tarde
ahogando la decencia con un sorbo de cerveza
mientras que la dama del costado nos enseña
                                               la pradera de sus piernas
nos dice que ha llegado a esta tierra por engaños
y que tiene un hijo en la selva que la espera

¡SALUD! mis muchachas extranjeras
pienso mientras Janis mueve las caderas
la cumbia que le sale de las venas
es la danza infectada de cometas
que abarrotan de clientes estas mesas:
cabezas de familia que ruedan
en los pechos de estas hembras
                                  destetadas por la luna
que tienen el hombro más grande que esta playa
hembras con el sexo acosado por las aves:
             pájaros bohemios llorando una pena
             pájaros en celo tras musgo de tristeza

hay tantos perros que ladran estas cuevas
y se rigen a los puños el dominio de las perras
profanan la belleza ahorcada en los cabellos de Jimena
confunden los ojos de Graciela
con los sueños en la noche de centellas

porque mi corazón no es un tacho de basura
en la plaza más oscura
Jazmín    déjame decirte
               que te quiero como mierda
              aunque seas la más puta
              de esta tierra

Oh mujeres de la mala vida
pido otra ronda en esta tarde que se apaga
por la lluvia venidera
                           y las noches del mañana



10


¡No es posible que me haya quedado sin ellas!
                     si andan como el aire
                         en todas partes

         ¡Es imposible de que no diga nada!
si mi boca comulga de ellas a cada instante

es una bajeza ir por el mundo
     teniendo nudos en la garganta
                     tragando caos tras caos
dejando a la belleza vestida de esqueleto
bajo el enorme monolito de silencio
junto a los gusanos que un día hemos de montar
con toda el ansia de vivir y estar muertos

es imposible dejar amarrada nuestra lengua
                                         a un palote de muelle
existiendo a flote en un inmenso mar de contradicciones
es imposible no navegar no naufragar
                     ahogarse es posible
ahogarse y dejar de ser anfibio
                      treparse de la orilla
                  de alguna orilla erguirse
y caminar y caminar hasta encorvarse
porque es imposible impedir ser un cadáver
es más posible que florezca de aquello
                                   un inmenso jardín de arte

¡Es imposible haberme quedado sin ellas!
y si un día me cortan la lengua me resta el seso
      mi mano lapicero
      mi mano lápiz
      mi dedo pluma
      mi dedo carbón
      mi dedo humano
      mi dedo hueso
      mi dedo nube



15


Deja que salga
que la nausea matutina no lo agobie
      escucha la tronazón de la marea
      el aguacero desatado en la cabeza
deja que se levante
       se lave la cara
irrumpirá en la realidad como las nubes
      deja que está a tiempo
      de refregar sus ojos aún nocturnos
la sed descalza que le anda en la garganta
              es un pueblo a pie por el desierto

Déjalo… ya irá

primero que se busque
se encuentre en pleno tropezón del equinoccio
           caiga de la cama unas cien veces
           observe en el espejo
           la penumbra elástica del rostro
           y las ojeras de pie sobre las dunas
déjalo que sufra
se pueble de espinas
           una ola lo revuelque
           y sienta el remezón de la corriente
           mano que lo samaquea hondo
no importa
se dará cuenta que pierde todo
le gritarán la verdad en la cara
      inmaduro
              atorrante
                     bacancito
      D    E    S    P   I    E   R    T    A

se hará el incomprendido
mar agitado que despierta a cada rato
cielo que se encoge y que se estira
llanero solitario sobre una tabla de surf

                                                    y la rebelión
explosión que exponen sus ojos rojos y saltones
                                                       lágrimas
lluvia que se cuela por los agujeros de la calamina
polvo que traspasa la celosilla de los sueños
ordena cerrar los ojos al crepúsculo
ciego albatro que se estrella contra el cerro

              escucha el ala rota
la cuerda oscura entre los trópicos
el ventarrón que cría una carraspera
ahógate       arrástrate     convéncete
        intérnate en los chicheríos
           encuentra a tus amigos

señora Vilma… una jarrita de chicha
           que adormite la tristeza    la rabia
   el animal desmembrado en la basura

                       pasa el poto
                  chupa   ríe   canta
  báilate con la doña esa cumbia de moda
                      luz libertina
                     crepita dentro

                            oh vaivén
                              repítete
                       reprime el frío
                     la ausencia solar
                          el silencio
            paciente pescador al borde:
         s á c a l e l a n z u e l o a l b a g r e
                              corre
                              huye
                 escarba en la arena

              encuentra estas palabras


De Un Mar Alcoholizado (inéditos)


Mario Martín Morquencho León (Los Órganos, Piura, 1982). Vivió toda su niñez y adolescencia cerca al mar, en su distrito natal. Al terminar la educación secundaria, se trasladó a la ciudad de Trujillo donde estudió la carrera técnica de Contabilidad. Empezó a escribir y publicar poemas en distintas webs de poesía. Radica en Lima desde el 2006. Formó parte del colectivo Heridita (Lima) y participó en el Grupo Literario Signos (Lambayeque). Ha participado en distintas ferias y recitales de poesía. Tiene publicado su poemario “Ciudadelirio” (Sol negro, 2010) y está en proceso de edición su segundo poemario “Un Mar Alcoholizado”.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Isaac Goldemberg Bay, La vida breve (Antología personal, 2001-2012). Cajamarca: Universidad Privada Antonio Guillermo Urrelo, 2012, Por Manuel J. Santayana



En año tan reciente como el 2009, el profesor y ensayista Rodrigo Cánovas, de la Universidad Católica de Chile, lamentaba en un estudio la escasez de investigaciones académicas sobre las letras judaicas in Iberoamérica. El aserto es parcialmente justo; sobre todo si se piensa en la atención  que aún aguarda de la crítica especializada la obra de poetas judeo argentinos como Israel Zaitlin (que publicó su obra con el seudónimo «César Tiempo»)  y Carlos Grunberg, o la de un prosador de la talla de Alberto Gerchunoff, autor de Los gauchos judíos y Argentina, país de advenimiento. 

    En el último cuarto del siglo XX, sin embargo, nombres como los del chileno Ariel Dorfman  y el argentino Isidoro Blaisten conquistaron un amplio círculo de lectores. Ana María Shua, autora de novelas, de cuentos infantiles en la tradición judaica y de formidables microrrelatos, ha sido desde entonces objeto de la crítica más elogiosa. No he querido extenderme en las citas antes de detenerme en la figura del autor cuya antología poética es el objeto  de esta reseña: Isaac Goldemberg Bay (Perú 1945), cuya obra de polígrafo incluye la poesía, la novela y el teatro.  A partir de su primera novela, La vida a plazos de don Jacobo Lerner (a la que seguirían otras cuatro), escritores eminentes de la generación anterior en diversas latitudes del continente (Vargas Llosa, Pacheco, Sarduy) reconocieron la aparición de un nuevo y alto valor de la narrativa hispanoamericana. Su peculiaridad, dejando aparte su excelencia literaria, consiste en que se trata del primer escritor judeoperuano de relieve continental y el que dio a conocer en escala internacional aspectos, por muchos ignorados, de las luchas cotidianas, de los tropiezos y logros de los judíos del Perú, y de su difícil inserción en la urdimbre social de aquel país sudamericano. Sin llegar a una carnavalización de la escritura, Goldemberg, cercano aún a las audacias del «Boom» y haciendo inteligente uso de aquel ejemplo, se sirvió de las diversas voces de sus personajes, de crónicas periodísticas y de otros textos alusivos a la realidad peruana del tercer decenio del siglo pasado para dar una imagen, matizada de humor sombrío, de imaginación creadora y de distancia crítica, de la presencia judía en el Perú.  Hoy, 33 años después, Jacobo Lerner es una obra paradigmática, ejemplar de nuestra literatura, representativa de su universalidad y de su riqueza permanente.

No podía yo eludir la mención de obra tan importante al escribir sobre Goldemberg Bay. Pero el presente texto debe circunscribirse al poeta que, diez años antes de publicar su novela consagratoria, había despuntado en las letras hispanoamericanas con un delgado volumen de poemas: Tiempo de silencio (1969), impreso en España y precedido de un prólogo comprensivo y entusiasta del poeta Hugo Emilio Pedemonte. Es el libro de un poeta muy joven, y su plétora verbal se articula en un discurso anhelante cuyo módulo expresivo es el verso ancho, de ritmo premioso, que se extiende en oleadas sobre la página.  Este libro –que acaso su autor haya relegado al olvido de los «errores juveniles»– es un temprano anuncio de la antología que me ocupa. En sus páginas encuentra angustiada expresión  la búsqueda de la propia identidad, de la raíz humana  que haga cicatrizar la herida abierta de su etnia doble, judía –con su carga de destierro y dolor– y peruana; marcada esta por la presencia del pasado indígena y  por la educación católica,  plagada de nociones populares sobre lo judaico, hechas de fabulación absurda y de rechazo. Sólo que en Tiempo de silencio antecede a la búsqueda a través de la historia y del arte que signará la obra futura, el sentimiento de una espera angustiosa  a la que ni siquiera el amor da descanso. El punto de partida es el rechazo de «un mundo de leyenda»: todo expresado por modo indirecto. En el primer poema, afirma: 

Me hice hombre al fin
y contuve la pena entre los dientes hasta morderme la conciencia.

      En un poema seleccionado de Peruvian Blues, el primer poemario representado en La vida breve, escribe, enfrentándose a la tradición milenaria que lleva en la sangre :

No necesitábamos exámenes de espermatozoides
sino exámenes de conciencia.

La conciencia de la escisión, de la pugna de dos sangres, nacida de la historia y del discurso religioso, cae como una luz implacable sobre las palabras del poeta; una luz que baña con igual intensidad el enfrentamiento a lo fáctico y limitado y la proyección imaginativa y especulativa de sus monodiálogos (para usar el sustantivo que acuñó un angustiado de diversa índole: Miguel de Unamuno). Este conflicto que esclaviza la conciencia, encarna por la palabra en la imagen, hecha de sueño, de sus padres: son imágenes que hablan y a las cuales el poeta interroga, mientras viaja por la historia, se interna en los ritos y misterios ancestrales en busca de la respuesta que elude su inquietud, móvil de su destino de poeta y narrador. 

En Los cementerios reales, del 2004, en cuyas páginas el poeta explora el dolor de vivir en una nueva modalidad expresiva, la gravedad desnuda se hombrea con ciertos momentos vallejianos : Rechina el diente en la punta del tenedor /Hoy probó la boca el hambre de Nadie.  (No es el único momento en que recuerda el verbo de aquel maestro contemporáneo: en otro poema de extrañeza vital metafísicamente asumida, Goldemberg Bay escribe: He aquí que saludo la pena de los muebles,/ el único olor de la cocina). Hay en estas páginas del poeta un sabor expresionista que manchará con brochazos de pesadilla otros textos posteriores: los del Libro de las Transformaciones (2007), poemario continuador de aquel agónico discurso con nuevos matices de ironía y donde se traslada al ámbito del Cosmos, la desarmonía de la Historia.  Aquí comienza Goldemberg a dialogar con el arte pictórico (Pisarro, Arshile Gorky); acaso otra manera de buscar su rostro entre las máscaras y los rostros que lo rodean y de abrazar un destino colectivo. 

    El «Arte poética» de Goldemberg está dedicada a Paul Celan, cuya obra poética nace de la entraña del dolor y del silencio, y a Gonzalo Rojas, otro nombre clave de la poesía moderna de nuestro idioma. Allí se lee: quien escribe es la red de los sueños/ jalados por la corriente.

    Cuerpo del amor, del año 2012, tiene por eje central el encuentro pasional de la pareja: el gozo del hallazgo mutuo, la desconfianza, la plenitud. Este libro es, pese a que no simplifica sino resume la complejidad de la experiencia amorosa, un oasis dentro de la antología. Tras el violento, amargo episodio del «ángel de los celos», sorprenden al lector las reflexivas, intensas y exactas «Décimas de fino amor». Aquí el poeta muestra su hábil manejo de las formas tradicionales de la poesía española sin por ello insistir en una perfección, por demás elusiva, de aquellos moldes. Siguen a las décimas tres sonetos amorosos que exhiben parejas virtudes. En estos suele haber un ajuste formal mejor logrado en los tercetos que en los cuartetos. Pero insisto en que una adopción mimética de las formas clásicas no es el fin de esta lírica, heredera de las más fértiles conquistas de la Modernidad literaria; inmune, por fortuna para él y para sus lectores, a esa escritura de laboratorio verbal, payasa e intrascendente, que ejemplifican los escritos de un Oliverio Girondo, por ejemplo, a quien Enrique Anderson Imbert llamara “el Peter Pan de la poesía contemporánea”.  En Cuerpo del amor, no obstante, el tono de  celebración aligera la central gravedad del discurso.  La presencia del baile, de los diversos ritmos populares de la América española, se diría que acompaña y define la vivencia erótica como danza: fiesta y compás, pausa de armonía en la ardua tarea de vivir. 

Las Variaciones Goldemberg (con su alusión a la música de Johann Sebastian Bach: contrapunto del dolor y la esperanza) son inéditas y cierran La vida breve. En estos poemas finales de la antología, se hace palmaria la identificación del poeta con sus raíces judaicas; pero no desde la religión, sino desde la Historia. Goldemberg asume y exalta el valor de un pueblo fortalecido en la diáspora, aleccionado en el dolor, capaz de prodigar un tesoro de pensamiento y de creación frente a la hostilidad, y capaz de superar el horror del genocidio nazi y de dar testimonio de coraje y de resistencia. No ha encontrado el padre perdido; o, más exactamente, lo ha encontrado en el destino de una comunidad humana forjada a lo largo de muchos viajes, de muchos exilios y quebrantos. De ahí  que el lector sienta –sentir mejor que comprender su discurso, que avanza, oblicuo, hacia una visión trascendente– este poemario último como obra de reconciliación, de avance hacia la paz consigo mismo y con los otros. El yo étnico, antes inseparable del yo poético, se convierte en voz de una vivencia universal.  

         La lectura de este volumen en su integridad  –tan rico y denso de humanidad y de invención poética que es imposible resumirlo aun regresando muchas veces a sus páginas– permite constatar una observación afortunada del narrador y profesor Eduardo González Viaña,  prologuista del libro: la amplia tesitura poética de esta selección antológica, donde se integran por modo orgánico –momentos de una búsqueda esencial– el sarcasmo, la anécdota autobiográfica, la alegoría histórica, la concisión epigramática y la efusión lírica, sin apartarse jamás de su realidad de búsqueda impostergable y tenaz. Con los poemas de La vida breve, Isaac Goldemberg reafirma su lugar eminente en las letras de nuestro idioma. Como reza el título de una de sus novelas: tiempo al tiempo.

   
Manuel J. Santayana
   Academia Norteamericana de la Lengua Española

Cuadernos de quimioterapia (contra la poesía) de Victoria Guerrero, Por Miguel Ildefonso


Susan Sontag en La Enfermedad y sus metáforas decía: “Thoreau, que tenía tuberculosis, escribía en 1852: ´La muerte y la enfermedad suelen ser hermosas, como la fiebre tísica de la consunción`. Nadie piensa del cáncer lo que se pensaba de la tuberculosis —que era una muerte decorativa, a menudo lírica—. El cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso en la poesía, y es inimaginable estetizar esta enfermedad.” Victoria Guerrero en Cuadernos de quimioterapia (contra la poesía) (Paracaídas Editores, 2012) se encarga de ejecutar esta labor, y al decir ejecutar queremos decir que no solo el cáncer es tematizado, metamorfoseado o simbolizado, sino que el presente poemario (o, mejor dicho, poema) se inmersa en la problemática (entre otros asuntos que mencionaremos) de la estética: no del cómo hablar de esta enfermedad o qué hablar a partir de esta enfermedad, sino del cómo (y qué) habla la enfermedad misma.

Para empezar el libro contiene un pequeño sobre adherido a la primera página, en donde hallamos una bolsa de plástico con un mechón de cabello y una copia de receta médica que ha sido intervenida a lapicero. Desde que abrimos el libro, es el libro mismo, como sujeto, el que está interpelándonos de ser simples lectores habituados (a conformarnos) al lenguaje escrito, a ser simplemente intérpretes de sentidos impuestos por la “cultura”.

“Hoy le corté el pelo a mi hermana”, dice el primer verso del texto “1 – 02” (título que señala la fecha a modo de diario, en esta primera sección del libro titulado Contra la poesía). El poema, con lenguaje coloquial y narrativo, discurre entre diversas voces femeninas, a partir de ese “Yo” poético, de la voz poética, del personaje de la poeta que tiene una hermana y una madre (que son los otros personajes). Este primer texto empieza con un cuestionamiento (moral, estético) de la hermana hacia la poeta: “¿Por qué arrojaste mis cabellos a la bolsa de basura?”. Los temas de la mutilación, la represión, la infecundidad, ya están implícitos desde este primer texto, en que la propia cabellera toma personalidad, “como si fuera una hija pequeña”. Y es aquí en que empieza la diseminación, a partir de la mutilación o fragmentación del cuerpo y del lenguaje. Constantemente se cuestionan las imposiciones que se dan a través del lenguaje: “Le exigió que descansara que durmiera en mi sueño/ En suma   que no jodiera/ Después de todo qué es una madre si no dice estas cosas”.  .

No hay una conformidad (ni entusiasmo) por el coloquialismo usado, o por una retórica pasada que ya no “dice” nada en poesía. No es un poema que apele al sentimiento, mucho menos. Tampoco es la exploración de un lenguaje oscuro y que se cobije en el hipercultismo, para que así la poeta encuentre una manera “nueva de decir”. Si bien es cierto que busca lo concreto, la síntesis, la economía verbal, el lenguaje que hallamos aquí es de la conciencia y crítica de todo lenguaje, algo más parecido al metalenguaje o la metapoesía. Cualquier lenguaje (o estética) conocido que hubiera utilizado el poema, igualmente iba a ser cuestionado, mutilado, demolido. Cuadernos de quimioterapia nos plantea un problema ético-estético, y que va más allá de la propia poesía.

La desacralización de la familia (la triada madre-hija-hermana), la crítica a la ciencia (al Psicoanálisis, a la medicina, por ejemplo), la crítica al poder y la apertura al Otro, se hacen patentes también conforme vamos entrando a lo que es la enfermedad, conforme vemos que los fragmentos (entre verdugos y víctimas), como el cabello o la cabeza de la muñeca, van cobrando voz para denunciar (o enunciar) la fragmentación.

Pero finalmente quien siente la invasión de la enfermedad es el cuerpo todo que ha sido dividido, quien siente el dolor (el dolor del cáncer) es el cuerpo. Y el cuerpo se vuelve la parte esencial del poema; en el cuerpo se van fusionando todas esas voces (se van reconstruyendo), el cuerpo es la poesía y es la conciencia de esa separación, es la búsqueda de un “decir” (o un “habla”) que sea la suma de todas las voces: “Una belleza de lenguas amarillas rojas violetas/ Se incendia/ Sus cenizas cubren toda la ciudad/ la llenan de un manto de negra hermosura/ Un cementerio nos devora/ Arrojo flores en su nombre/ Flores rojas que ella atrapa en el aire/ Palabras que deshoja: Me quiere/ No me quiere/ Me quiere…”.

Susan Sontag decía en su libro: “Metafóricamente, el cáncer no es tanto una enfermedad del tiempo como una enfermedad o patología del espacio. Sus metáforas principales se refieren a la topografía (el cáncer se ´extiende´ o ´prolifera´ o se ´difunde´; los tumores son ´extirpados´ quirúrgicamente), y su consecuencia más temida, aparte de la muerte, es la mutilación o amputación de una parte del cuerpo.” Entonces podríamos preguntarnos: ¿Cómo recomponer la palabra si el cuerpo que la emite ha sido mutilado?

“Estamos cansadas de tanta Poesía”, se dice en el texto “11 – 2”. Aquí se ironiza a la poesía escrita por mujeres, o mejor dicho a la “poesía femenina”, y también a los poetas hombres, o mejor dicho al discurso masculino (machista, patriarcal) de la tradición poética. Y también aquí hay una parte muy clara e importante del “yo”, sobre el punto de partida de su crítica y autocrítica, dice: “No nos queda palabra (felizmente)/ Somos tar-ta-mudas/ Hemos repudiado la Tradición/ Sin embargo todo el tiempo hablas de ella/ Es un fastidio/ Incluso la mencionas con cierta afectación/ Y la citas por defecto de hija mimada/ Nacida en la burguesía de los años 70”.

Y a continuación: “Has robado/ traficado con la palabra/ para poder escribir/ Hablar al menos/ Quizás solo bal// bucear/ La poesía/ la vida/ ¿Qué es lo que importa realmente?/ Nos rodean la media palabra y la enfermedad/ Los versos sublimes no nos han llevado a nada/ Y esto hay que decirlo/ No se ha salvado una sola vida con ellos/ Algunos suicidios han gestado eso sí/ Pero la Tradición los exige y lamenta que no los escribas/ Yo también lo lamentaría si fuese una de Ellos/ ¿En qué momento dejarás de nombrarlos?/ No tengo seno/ No tengo falo/ Eres la gran plagiaria”. 



Se habla de una crisis de la poesía nacida aproximadamente en la década del 90, posiblemente aparecida desde los años 80s, o los 60s, o desde Auschwitz. A esto se refieren los versos citados arriba. Esta enfermedad es la metáfora de la crisis, y viceversa. Susan Sontag en su libro dice: “El cáncer en cambio es una enfermedad de clase media, que asociamos con la opulencia, con el exceso. En los países ricos es donde más cáncer hay, y su aumento se atribuye en parte a un régimen rico en grasas y proteínas y a los efluvios tóxicos de la economía industrial que crea la opulencia.” Haciendo un paralelo: ¿Esta crisis de la poesía no estaría relacionada, más bien, a dicha clase media que señala Sontag, y a tal opulencia? 

La poeta de Cuadernos nos dice líneas más abajo del mismo texto citado (con conciencia de su voz subalterna): “Renovar la poesía _dicen/ ¿Qué diablos puede significar eso?/ ¿Radiarla/ irradiarla/ quemarla/ mutilarla/ ejecutarla?/ ¿Muerte o patria?/ (todo lo aprendimos al revés)/ ¿O inmolarnos nosotras/ Aquellas devotas aprendices que siempre seremos”.

Las “hermanas” (las cabezas, la madre, la hija) continúan interpelando a la poeta: “Incendiar lo profundo/ No hay densidad en nuestra habla/ Somos mudas/ Somos calvas/ Aprende nuestro orgullo/ Y no te arrodilles más”. Aquí la enfermedad toma otra voz, asume una voz Otra (en respuesta a lo cuestionado en los versos arriba citados), a la que la poeta luego responde: “Así son las cabezas/ Agudísimas/ No tiene pelos en la lengua”. Ante esa separación (incomunicación, no identificación entre ella y “el público”), la poeta reconoce su solipsismo: “Ellas se van/ Me dejan solita/ Contrita” (“13 – 02”). 

Y es justamente en el siguiente texto, “17 – 02”, en donde el lenguaje asume literalmente aquella Otra-voz, en los primeros versos: “Cabizbaja amanece/ ¡Pobrecita niñacha!” Aquí se cita a César Vallejo, Vallejo aquí se vuelve personaje, se convoca al “poeta cholo”, se parodia al poeta del habla peruana, andino y universal, se acude al poeta que hace volver de la muerte al combatiente: “La niñacha se levanta/ Lo abraza/ Emocionada/ Qué más da/ Emocionada”. Aquí hay una identificación ética y estética, que luego lo señalará más claramente: “Escribir trae dolor”. Ciertamente hay un quiebre, y a partir de esa ruptura hay un reconocimiento de otras mutilaciones históricas. 

Pero no es una simple toma de posición, no es un sometimiento a un tipo de poder (que conlleva una vieja utopía); porque más adelante (“27 – 02”) nos dice (cuando ahora el lápiz cobra vida): “Nosotras no entendemos este lenguaje  La moral ilegible del/ poder/ Nos ha sido negado este entendimiento”. Sontag dice: “El cáncer, que se declara en cualquier parte del cuerpo, es una enfermedad del cuerpo. Lejos de revelar nada espiritual, revela que el cuerpo, desgraciadamente, no es más que el cuerpo.” Se mata la utopía, la poesía (en esta crisis, en esta enfermedad) no es más que poesía, un puñado de palabras impresas en papeles pegados en forma de libro. 

El texto poético citado acaba con estas líneas: “Nos queda esto/ Esto y un puñado de agujas infectadas y seguros médicos rapaces/ Los hemos abrazado con nuestros lápices de colores como/ escudos/ Cuando sean pequeños extremadamente pequeños habremos de/ dejarlos/ Y nos sentaremos al pie de la cama de nuestros padres/ Y dibujaremos serenamente cada letra/ Y tajaremos los lápices más allá de sellos y de papeles/ membretados/ Y nuestra habla sonará distinta/ Y los sonidos de nuestros cuerpos serán por fin escuchados/ Cuando ya no exista la poesía sino el abrazo”. ¿Es el anuncio de una nueva estética que nos acercará al lenguaje de la tribu? ¿Es el Yo que es Otro? ¿Es el lenguaje de la calle que demuele a la Tradición para democratizarla?

En la segunda sección (Cuadernos de quimioterapia) se presenta a la “ama de crianza de mi madre”: “le supliqué unas hierbitas. Me miraba con los labios apretados. La sacudí de los cabellos. Eran blancos y deslumbrantes. Después de más de cinco siglos, todavía persistía en hacerse trenzas...” Ella habla “una lengua desconocida”, ella es la que reclama por las calles con un cartel entre manos que dice “salarios de odio”, ella es la que con ternura pone a la enferma en la “cama de nacimiento”, y la que finalmente le dice, aun con faltas ortográficas, en un papel: “ESCRIBE”, “SOYTUHERMANA”. 

El lenguaje (la poesía) desborda el objeto del libro. Las palabras han invadido otros espacios, ocupan una bolsita de plástico, un sobre; hay una receta médica que señala, al igual que los versos, la manera de vencer a la muerte. Los cabellos están en la mano del lector, el lector los pude palpar, preguntarse de quién será. ¿Son cabellos? ¿Puede el lector sentirlos aun teniéndolos en sus manos? ¿Puede el lector sentir?

Una cita última de Susan Sontag: “nuestros modos de ver el cáncer, y las metáforas que le hemos impuesto, denotan tan precisamente las vastas deficiencias de nuestra cultura, la falta de profundidad de nuestro modo de encarar la muerte, nuestras angustias en materia sentimental, nuestra negligencia y nuestras imprevisiones ante nuestros auténticos ´problemas de crecimiento´, nuestra incapacidad de construir una sociedad industrial avanzada que sepa concertar el consumo, y nuestros justificados temores de que la historia siga un curso cada vez más violento.” 

martes, 19 de febrero de 2013

TRES POEMAS INÉDITOS DE JULIA WONG



2007

Recuerdo el año en que empecé a decir isla de brujos
En lugar de balcones para cómplices
Corría diariamente sangre de mi mente
Con todos los asesinatos contraídos
Limpiaba mi vómito pulcro, traslúcido
Lo había aprendido  como una discípula  consciente
Habían días en que me sentí tan caca de perro
Tan tráquea
Tan alcohol para quemar
Tan linyera. Tan ciruja, tan fulera
Como el escaparate más agitanado en una ciudad de judíos.

Justo en el café Iberia me pregunté si los judíos y los gitanos venían de la misma estirpe
Y por qué Rumanía está escrita con sol y cebolla y Jerusalén con un clavo
Recuerdo el año que viniste a comprar una yegua y saliste comprando mi coño
Pero no lo usaste, solo le quitaste todo el placer que sentía
Y decidiste que lo guardarías entre tus cuadros tus pinceles o tus botas   que cuestan tanto como una casa para un peruano triste
Fue el año en que regalé mi casaca amarilla, tan linda, tan bella a una vendedora de queso y culantro
Porque pensé que tenía frio
Y luego la vi paseando por ahí, por Corrientes del brazo
De un moreno guapo ,  con un abrigo  mucho más bonito  que mi casaca amarilla…seguro tapó   a sus pollos
O a sus hormigas con mi bella
 casaca amarilla
Con mi bella casaca amarilla fui a Cusco ya  fui a Chile
No nos maten, le dije
No maten nuestros ojos tan achinados, nuestros dientes polutos
Nuestros ruidos al comer y nuestros mocos
Seguiremos sacándoles las espinas  que otros les incrustaron en el lomo
Cuidaremos su estrella. Haremos puentes.
No nos maten

Recuerdo el año cuando decidí contar que todo mi amor estaba en una botella, que seguramente  se había quedado en una playa inaccesible. Allí pedí mi último deseo.
Volverte a ver antes de morir.
Fui a las bibliotecas y zaguanes  de Portugal, a las librerías bellas de Alemania
Pasee por los cafés de Viena
Y visité mis antiguos amantes. Les llené de regalos, jade, codornices invisibles, orquídeas tardías y mamarrachos -
Todos estaban gordos y felices. Con hijos, libros publicados,  premios, grandes amigos, caballos, casas en la playa, pinturas surrealistas debajo de sus camas, manzanas congeladas….
Recuerdo el año cuando supe que esta vida se vivió hace tiempo y  sólo me hacía llorar
Pero cuando veía a nuestra  absurda revolución entre el río el revólver, el relato pasajero de los ambulantes, las mentiras de los vendedores de flores y los verduleros
Sé que yo sin ti soy un balcón sin cómplice
En mi casa hay cuatro balcones, en cada uno una silla imaginaria
Allí leo las manos de los transeúntes, leo las manos  escondidas en el sexo o los bolsillos,  las carteras o el abrigo
en todas hay dinero sucio o  semen seco, orín, óxido, colonia, goma de mascar, dióxido de carbono, incertidumbre.   En las mías también. Las líneas de mis manos cambiaron desde el 2007, necesito  que vuelvan a ser líneas de una  lechuza cómplice,
De una bruja moderna que vuela  en avión, no en escoba.
Recuerdo el año cuando dije  soy poeta.  Para mi mal, dejé  de  serlo.


Ahora las dos hermanas pequeñas deambulamos solitarias por esta casa interminable
( Yannis Ritsos. La casa muerta)

Salgo de su casa  cueva, llevo libros.
él sigue contemplando mi ingenuidad. Quiero sus plantas, sus colores.
Había un globo aerostático  cerca al baño.
Parece que un gato me persigue, pero cuando volteo veo que es un gato de madera, pintado sobre un cartel, Un gato quieto.  Si digo una palabra sé que empezará una discusión sin precedentes,
No,  no tendremos forma de recoger nuestras palabras basura, tampoco  las cosas que no digamos, en este momento es como si las cloacas de la ciudad se hubieran desocupado sobre nuestros mares de palabras
sólo podríamos devolver frases  muy  sucias y llenas de temor.
Se va sin besarme como siempre.
El maldito dolor de noviembre me inspira una balada fresca para  saber  que también soy sonido.
Salgo de su cueva, llena de él
Clara oscura, paciente, fogosa: interminable.


Maedchen mit blutigen Tutu

Con los cuchillitos  brillando mientras mueve las manos
sobre un  piso de espejo raso y  lustrado
Parece que  estuviera apuñalando el vacío
El tutú es  color crema de nuez
Lleva moñitos en el pelo, colorete en los cachetes
Apunta al tutú con  las puntas de los cuchillos
El tutú crema tiene manchitas de sangre infantil
Tras ella un motociclista  está al filo del trapecio
El motociclista va vestido de negro y lleva a su novia paraguaya
de pie  en la rueda trasera
Hablan en guaraní, la niña con el tutú entiende todo lo que dicen
da un par de pasos cortitos hasta el centro del espejo
desde allí verá el número del motociclista saltando
al vacío

                                                                               del lenguaje
 El público no entiende ni guaraní, ni el baile de los cuchillitos
En el espejo caen  gotas de sangre,
Al  costado una anciana con gorro de cumpleaños
aplaude
Es muy pequeña en medio de la gran cama
Es muy, muy pequeña, más pequeña que la niña con tutú.


Julia Wong. Nacida en Chepén, en los sesenta. Estudió varias cosas en varias universidades, principalmente se dedica a la literatura y la gestión cultural. Vivió en demasiados lugares, como para decidir que pertenece a uno solo. Se preocupó mucho sobre vincular a poetas de Perú y Argentina por casi 10 años. Colabora y apoya diversas iniciativas que desarrollen la difusión de la literatura. Tiene varios textos publicados, el año pasado salieron Lectura de Manos en Lisboa, por Melón Editora de Argentina, Doble Felicidad por Edita Tú en Lima Perú.


CUATRO POEMAS INÉDITOS DE INDIRA ANAMPA




Charco
Hay cosas
que una debe destruir
por figuración propia.
Deshacer el mito del agua
y hacerse lodo.


Alejamiento 

El rótulo es lo primero que se borra
luego
todas las señales de tránsito
especialmente
las que indican el barranco.


Otros harán el intento de detener la cuenta regresiva

Este lugar espantoso nos desnuda con violencia
con su humor negro
ácido
y viral.

Intento salir por la puerta falsa,
verdugo de mí misma.

Mi inalterable silencio
es mi renuncia voluntaria.

A veces se puede desaparecer en ojos de otros
y vuelvo a ser yo
con sacudidas de espanto o de lucidez
como los desgarros guturales de Joplin
o la guitarra enfebrecida de Hendrix
entonces soy presa de calambres y sudor frío.
Anido el terrible presagio de todos los que me tocan la cabeza
como perro abandonado a mitad de la carretera.
Apelan a la remota piedad
para apartarme de mi destino.

Manotazo de ahogada
vía de escape
viaje sin retorno.

Toman mi mano
para tomarle el pulso a la muerte

Puedo dominar el lenguaje,
pero no esta balsa que se aleja de la orilla.


Abismo

Al menos una vez en la vida se debe retroceder
para contar los pasos de todos los que se nos adelantaron.
La invasión, el destierro son apenas formas de avanzar
entre palabras turbias.

Mi animal posee la tranquilidad de este mundo
y el caos que lo habita.

El mar es la coraza de mi carne, me repito.

La vida se fisura
en el útero de la memoria,
pero todavía está intacta.

Camino en línea recta
directo hacía ella
y no la alcanzo.

Sostengo la necesidad de supervivencia  por imposición
de todos los que me amaron y me odiaron
abandonándome ante la primera caída.

Ahora solo existo en el animal tatuado en el pecho del hombre
que me amó por última vez.

La luz es la confirmación del abismo.


Indira L. Anampa Santa Cruz (Lima, 1989) Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad San Martin de Porres. Publicó su plaqueta Noche en Marte (Ángeles del Papel Editores, Lima, 2009). Es parte de la Primera Muestra Colectiva de Lima Sur, Poesía en el Sur (Urbano Marginal- Editores, Lima, 2009). Parte de sus escritos aparecieron en antologías poéticas nacionales e internacionales como: "Entre exilio y desierto-una muestra poética del cono sur de Lima"  (Unión libre Ediciones),   De quenas y bandoneones 70 voces femeninas Perú-Argentina (Casa del Poeta Peruano), Suicidas Sub-21 (Mondo Krohnela Literatura  Argentina, 2010), Como verdes guitarras de eucalipto (Casa del Poeta Peruano), Nueva antología peruana Post-Hora (Ediciones Espartako), Rito Verbal: muestra de poesía peruana 2000-2010  (Elefante Editores), etc. Otros de sus  poemas  aparecieron en diversos medios literarios, como Marea Cultural, Plumas y Pinceles, La Tortuga Ecuestre, Espartako, Vicio Perpetuo, Pohemia Lux, etcétera.  Ha participado como Co-Locutora Radial del Espacio de Literatura y Arte,  Sólo para Locos (Radio Planicie). Próximamente publicará su primer poemario Patricia Leyton.

lunes, 18 de febrero de 2013

SELECCIÓN DE POEMAS MÁS DOS INÉDITOS DE LUZ MARÍA SARRIA




Del libro “Señales que se eligen” 
Lima 1,988.  Ed. Antares Artes & Letras


POEMA  A LOS OBJETOS INANIMADOS

Cuando permanezco en mi paso semicircular
siento que algo me embiste continuamente
el lienzo color ocre es bueno piensas
la ventana se llena de grises
los pinceles te buscan esa fidelidad piensas
gris esta tarde
donde el aire te enloquece
ya nada se acostumbra a ti
sólo tu silla esculpida hacia presagios
¿Si la silla conjeturara?
¿Si acaso abriera sus brazos chirriando de madera
haciendo una forma amable para que tú te sientas?
¿Si acaso los muebles que me conocen impidieran tu salida
desdoblándose en la puerta?
¿Si acaso las ollas los vasos las sábanas
tocaran una flauta dulce?
¿Si acaso los pinceles ensayaran a coro conseguir de ti
la risa que vuelve donde tu retrato me diera un beso tangible?
¿Si acaso un poema se escape para besar al otro poema?
Todas las letras de mi casa se encienden y se desordenan
en señales que se eligen como duendes
siento textos de madera hablando del relieve
leo textos de madera
mientras dibujo el retrato que estoy haciendo de ti
mares de verdad avanzo tanteando
improvisando arrastro tu marea de quejas
y no es justo que estés encerrado como un animal
que sigue obediente mis manos reclamando
cómo dibujo sus semillas
y es arduo reemplazarte en este mar picado
distribuyéndote en esta vieja rueda de oración.

He hablado debajo de la superficie como un criminal
sometido a la invocación
¿dónde quedará clavado este marco de madera?
¿en qué universo se frotarán estas provisiones de calor?
¿hasta cuándo estaré implorando
que te conviertas en lo más pequeño
y guardarte en el escondite más secreto
más crédulo más antiguo?
el color lacre está sintiendo los gestos de tu cuerpo
tu nuca llena de misterios gozosos me recuerdan como era
este hombre color ojo que suspira por el ceño
se desvanece la madera la línea precisa
se despierta el volumen de tu retrato
que me seduce y me procrea
se multiplica tu presencia
en hijos rojos verdes azules
a quienes no canto una canción de cuna
porque los hijos de una imagen odian los aplausos
y pulsan la idea de dios
conocen el contraluz y dudan de su origen
Pero ¿quién se atreve a preguntarle a la ficción
si tiene pesadilla o si reclama  mayores reos
entre el romance y su sátira
entre el sueño y su corrupción
entre la idea y su baile sordo?
¿Salir de allí?
¿Algo se excede?
¿Reconocerse allí?
Es difícil porque se ve se huele y se toca
en la hermética médula instantánea sometida a la luz
y a la descomposición...
Temo que habría que callar.




Del libro “Viaje a Parca y otros poemas” 
1,995.  Ed. Colmillo Blanco


ADONIS  EN LA CANTINA

Con tu olor a mar bañado y
una arena terca, soleada en la oreja,
vienes Mercader  a que te miren las sombras.
Las sombras te han mirado, te huelen, te desearán,
y se baja así la luz de algunos ojos
de libro viejo entre las manos.
Tu belleza entristece, espanta,
somete, indigna.
No es la hora de la luz esta hora,
no es la sabiduría de la luz esta sabiduría,
¿qué haces metido en esta cantina, si la poesía no es carne
tostada, colonia en la superficie de tu corazón?
¿qué haces en lo que llamas infierno buscándome?
El ebrio es un fantasma cansado,
con un horario medido de alegría,
se embarca como una ballena -blanca en su frontera-
y respira con un solo chorro de agua,
no juzga, y no le pide libertad a la piedra.
No te conviene Apolodonis ser el héroe de dos caras,
y no es lo blanco frente a lo negro
y no es la sombra frente a la luz,
no es la ironía frente a tu metro desesperado de ternura...
La soledad no tiene cuerpo,
la soledad no alquila su presencia,
llévate otra, intenta el  beso de Rodin
con una esclava en tu mano,
porque este mar es mi agua
y el allegro
es mi conciencia.



IX

¿Quién era ese ser que yo defendía como si fuera mío?

Era un caballo lleno de matices. se extendía y no me hablaba. logré tener
un vínculo con él. uno verdadero.  yo quería ser la yegua de ese caballo
que comía el azúcar y luego suspiraba. me echaba en su camino y me
quedaba largo rato sobre la tierra que había dejado atrás. la niña, la que
quería jugar y tener un amigo, sufría. querían matar a mi caballo. en mi
pueblo le temían. este caballo era fuerte, este caballo era ágil. caminaba
solo. a veces me miraba. un día lo vi dibujarme en la tierra con sus patas,
luego relinchó, luego se fue, era tarde, bien tarde.
no recuerdo bien. me encontraron llena de mocos. haciendo mundos en
medio de la tierra. al llegar a casa me pegaron.
"¿quién te ha embriagado, muchacha inútil?” “Parirás con dolor”.

Estoy herida.
no han sido las piedras las que han roto mis tobillos.
soy cualquiera de las mujeres que camina por el campo.



Del libro inédito “Dejaré los pensamientos a los pájaros” 



I


Un día
meditaba al lado del río,
no como el Buda, no como Siddharta, pero
desvariaba al lado del río y
escribía cerca a un animal al principio imperceptible.
¿En qué parte del pasado (pensaba) ponerte  madre,
padre, paraíso Idiotto?
¿En qué parte del pasado (dilucidaba) ponerlos a todos:
mi patio de letras, la chambita, el mal amor, la
solidaridad?
Y me quedé mirando al caracol,
(extraño caracol)
se arrastraba entre las piedras,
en medio del río,
y miraba el río,
estaba loco,
la poesía era violenta
¿Qué cosa no lo era?
ah, ya sé, los pondré en un cajoncito, con llave,
donde también encerraré un búfalo y un tigre,
una manada de lobos y un jabalí,
un ave de rapiña y un pobre conejo,
para que sean ellos quienes bullan
durante toda la noche
mientras escriba por fin
tranquilamente     tangencialmente    intocablemente: Árbol,
árbol, ¿por qué no tuve?
¡ay, papel hecho de árboles!
¿por qué no tuve
ni familia ni tradición
ni conocimiento ni verdad?
Escribía tranquilamente al lado del río, dije,
cuando resbalé al lado furioso del mismísimo río de mi
infancia.  caracolito de marras.  por salvarte.  pedacito
de piernas como un bebé.              


V

¿Qué quieres? ¿qué necesitas? me dice la fuente del agua
mientras acaricia su barba
mientras frunce el ceño
mientras ladea la cabeza
(y yo pensando, dónde estarán las serpientes para cometer
un solo gran pecado)
y luego me bautizo en las barbas de la fuente.
Es que no he venido para luchar sólo por el fuego
y nada más que por el fuego
de la casa
(de lo que queda de la casa)
Es que no he venido sólo por la luz, el agua, la leche,
la ropa o el frío
Es que nunca quise aparearme, hacer el nido y
comprender la luna
Es que nunca quise distraerme, bailar, sudar, y
empezar de nuevo
Es que no he venido para los días viernes y recordar
que existo
(¿dónde estarán las serpientes?)

¡Líbrame, oh Fuente, de la imagen de una virgen!
dicen que tiene como dos mil senos despiertos toda la
noche.



LUZ MARÍA SARRIA. Nací en Lima. Estudié Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima. Fui premiada en los años consecutivos de 1982 y 1983 en los Juegos Florales con el Primer Premio en poesía y cuento corto. Cursé dos años en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica. Formo parte de diversas Antologías de la Poesía Peruana, entre las más importantes están las publicadas por Ricardo Gonzáles Vigil “Poetas peruanas de antología” “Poesía peruana siglo XX” y la de Marco Martos con Roland Forgues “La escritura un acto de amor”  y “Las poetas se desnudan” de Roland Forgues, entre otras. HE PUBLICADO los siguientes libros de poesía: Señales que se eligen en 1988, Editorial Antares Artes & Letras. Viaje a Parca y otros poemas en 1995, Editorial Colmillo Blanco. Dejaré los pensamientos a los pájaros  (libro inédito). Desde el año 1998 me dedico paralelamente al estudio, investigación y difusión de la Astrología Tradicional y escribo en mi blog (http://luzmariasarria.blogspot.com/) una que otra tarde. Mis pasiones: toda forma de arte y en especial LA POESÍA y la astrología o cosmobiología como quieran llamarle.

SEIS POEMAS INÉDITOS DE LAURA ROSALES




De “Cantata Natural” - inéditos

Corro detrás de pájaros mendigos 
y canto como el animal que soy.  Sombra de árbol uterino,
cascarón de arcilla, batuta de golondrina en partitura de la locura.
Corazón de pájaro en medio de los senos, vuelo interrumpido
por impostores músicos.
Árbol de cristal, escalera hacia la amapola reina del cielo.
Subo por ella y encuentro mi lengua devorada
por el mágico pez de mi infancia.
Hueco el lenguaje, la música desborda.
Cojo el hilo de la noche para correr.



Aletea una luciérnaga de azufre cerca del corazón. 
Flotando en el silencio me deshoja hasta sacar astillas de mi carne.
La gemidora de la aurora se desborda en reminiscencias,
segrega el río de mi infancia y lo convierte en un valle sagrado.
Sobre sus alas
                           las voces de los muertos
                                              son arrullos de la mañana.


En la cueva del cuervo  nace un sol empapado.
Su brillo rompe las cuerdas del violín nocturno
que grita para adentro.
Alas quebradas por la ausencia, ubres llenas de sangre.
Música en el ave negra engendra un huevo de oro. Tesoro dorado como
un enorme ojo en busca de perfume.
El sol discurre la morada del sueño y seduce al vuelo frenético del ave
en reposo.
Acertijo roto en la cueva celeste,
fluyente la luz.


Devuelve tus pasos a los reinos bajo el agua
y busca tu rostro en el umbral del mundo.
Emprende tu vuelo junto pájaros y peces
árboles y hombres, y eleva tu canto
junto a muelle de sílice.
Construye una muralla al interior de tu carne
y traspásala con tu propia música.
Abraza al perro leproso y será unicornio
e inunda pueblos con un llanto de alegría
porque el verano es otoño entre tus dedos.
Hunde las manos,
haya una antorcha.


Incendio de la tierra en una gota de rocío
el sol envuelve las jornadas.
Astral es el camino del bosque en la neblina
brillo oculto entre las sombras moviéndose en círculos.
“El mar no basta para caída” , piensa la gaviota en zozobra.
Toca un alacrán en el corazón de una piedra
música quimérica del sol.
Unísona trompeta de cada día.
Poesía:
               lo que hace cantar al mundo.


El tiempo pasa sin prisa
levantando polvo y peces de mi casa.
Alguien llama de la otra orilla
dejando un mensaje de escarcha
entre las olas.
Mi casa envuelta en seda azul
universo en miniatura
para el invierno encarnado.
Mar sin señales ni historia,
profunda herida del dios inexistente.

Mi casa: un caracol dormido.

Mar: poema de agua en el agua.


Laura Rosales (Lima, Perú, 1989). En el 2009 obtuvo el Primer Premio del IX Concurso Nacional de Cuento Juvenil “César Vallejo” auspiciado por el Instituto Nacional de Cultura (INC) y la Municipalidad Provincial de Trujillo. Poemas suyos han aparecido en medios peruanos y extranjeros. Forma parte de la antología  Suicidas Sub21 (Mondo Krohnela Literatura  Argentina, 2010), Río Luna (Toro de Trapo Editores –  2010), 12 Gramos (Ediciones Orem, 2012). Ha publicado el libro de poesía Von (Lustra Editores, Lima, 2011). Dirige la colección de cuadernos de poesía Pelícano Cartonero y  forma parte del comité editorial de la revista  Ónice.  Cantata Natural, es su segundo poemario de próxima publicación.

domingo, 17 de febrero de 2013

CADUCIDAD, de León Félix Batista (Amargord, Colección Transatlántica 12, Madrid, 2011), Por Eduardo Milán

1: Al neobarroco el eros -se diría- le es consustancial. Como atiende al cierre y a la suntuosidad de la superficie, un juego perverso estaría ahí a sus bajas y a sus anchas. Pero se necesita, para que el eros se cumpla en ese su ser derivante  -contagioso, diría Bataille, el afán de permanecer o por lo menos continuarse en el cuerpo del otro- hilos conductores de esa fuerza bruta. Ese virus de vida que es lo erótico corre paralelo a la concepción de lenguaje como virus, acepción cara a William Burrouhgs. Pero salvo en la acepción cubana -y pienso en Severo Sarduy y en el primer Reynaldo Arenas, en quien lo erótico se volvía una panadería en la selva de tan pan selvático que el eros era- y aún ahí: en Severo es necesario mucho humor para decantar el furor tanático de ese universo, hay que ponerle decorado, geografía, toda la fruta del mundo. Lo demás lo hace el calor. O en La guaracha del macho Camacho. Cuando el neobarroco se declina en neobarroso por gracia de Perlongher es necesario también un enorme humor paródico para contrarrestar el espacio de ahogo que el mundo femenino ostrado, enclaustrado y finalmente desvelado por Perlongher genera: sólo la risa se le resiste. Un mundo en el que planea un fantasma rodeado de setenta gatos que anuncia el triunfo universal de la histeria es jalado hacia abajo por una de las dictaduras más sangrientas de América Latina. Me refiero a Cadáveres. Lo que emparenta y hace posible ese muestrario imposible del eros en el neobarroco/barroso es precisamente una erótica precisa: la del lenguaje, no en el tono apocalíptico de Burroughs. Las metáforas aquí levantan vuelo: la paronomasia sería lo propiamente erótico de las palabras, actúan por roce significante, un cachondeo entre ballena y cachalote antes de la victoria irreversible del ballenato y de todos los piratas del Caribe. Se ve que había que volver del Río de la Plata al Caribe para que la erótica barroca funcionara bien. Es lo que veo en los textos de León Félix Batista, devolver paronomasia al Caribe para que la cosa funcione en serio. Sus textos son verdaderas correspondencias no entre cuerpo y lenguaje: entre gestualidad del cuerpo y lenguaje. Dentro de la constelación paronomástica -o erotomanía lingüística- los concretos de Sao Paulo -Augusto, Décio y Haroldo- ocupan primerísimo lugar histórico. Salvo Décio Pignatari, los hermanos de Campos son paronomastas -gimnastas del movimiento lento del cuerpo- fríos, aunque Augusto es un gran lírico. Pero es muy difícil encontrar en la segunda mitad del siglo XX hasta acá una lírica caliente. Galaxias de Haroldo está escrito en varios lugares pero su temperatura es templada. Tanto en Prosa del que está en la esfera como en Delirium semen, dos libros de León Félix Batista que no dudaría en rozar con una cierta estética neobarroca y neobarrosa, la tematización intrínseca del eros en esta poética funciona inmejorablemente. De algún modo explican todo el juego. ¿Qué hay detrás del neobarroco que no sea un derramamiento de cuerpo? El deseo de un relato que delate lo oculto en el gesto. Ahí va una mirada. Hay que ligar esta aventura con el devenir poético general e incluso dominante de los últimos trechos temporales.

                                                                  
2: La forma antes que nada: la forma en el poema responde a una percepción fenoménica antes de que a un acto de lectura o de escucha. Caducidad se sitúa: se trata de un libro concebido como cuerpo aparte del uso tradicional de la forma desde el pique. No hay versificación, las líneas tienden a un “lleno” de la página que se fractura por la brevedad de esa masa escrita. Dialoga con otros ejemplos que desbordan la linealidad. Los experimentos de las vanguardias históricas, ecos y resonancias, crean grupo para este tipo de formalización. Son los “desbordados” del común, los salidos de la carretera. Aunque la escritura de Caducidad no habilita ningún margen, hace margen con sus compañeros desbordados. Así un libro no está solo: aunque desfonde la forma crea guía, remite, traza lo que un caracol traza.


3. Las poéticas divergentes que heredaron las vanguardias estético-históricas plantearon, a través del siglo XX, su siglo, una cuestión axial: la crisis del relato. La estética del fragmento, recogida por la poesía de ciertas escrituras filosóficas alemanas vinculadas al idealismo (Friedrich Schlegel, Novalis), en abierta contradicción a su visión integral mítica, fue un modo de escritura recurrente para dar un presente en dispersión. Lo cierto es que al romanticismo y al idealismo alemanes no les importó la forma del discurso poético en relación a su vocación de totalidad. Hay en los alemanes una libertad que va más allá de lo que debe entenderse por coherencia: si el mito es un relato hegemónico -y cómo lo era, con un dios embutido mezcla de Cristo y Dionisos resucitado- todo indicaba que demandaría una linealidad escritural, una obra no en construcción sino consumada. No fue así: la ironía, el gran recurso que Schlegel hereda a Walter Benjamin, basta para desacralizar el nivel aurático de la obra. Una obra que revele sus mecanismos de constitución no importa qué forma tenga. O mejor: la forma ya es el mecanismo. Esta lógica aceptada por todomundo (aquel que siempre está enterado pero que no sabe de dónde vienen las cosas) se filtra por las vanguardias pero dejando su sustancia conflictiva en Mallarmé (1897), unos diez años antes. El Coup de dés es la conciencia poética en acto revelando que por forma de obra ya no se entiende lo que se entendía: obra y forma -en tanto que formalización, estabilidad, identidad, trascendencia y mausoleo- ya no operan. Lo que opera es lo que se desplaza orgánicamente y, en ese movimiento, se va haciendo lo que el organismo indique. Cae así -por un rato, no muy largo- una noción fundamental del arte en Occidente: el arte como, el arte a la manera de, el arte parecido a, el arte que sigue a: el arte mimético. La mímesis requiere estabilidad, cosa quieta; la norma requiere estabilidad. Nada copia el movimiento porque su poder es aniquilador de la imagen. La imagen-movimiento del cine es reconstrucción de imagen. La imagen es todo eso que se está perdiendo siempre. De manera que la única mirada radical al arte poético (Novalis hablaba de una “poesía dilatada” (ver Miguel Casado) -parecería decir siempre Friedrich Schlegel- es la mirada a esa revelación (no religiosa, aunque para los idealistas románticos alemanes también pero con otra mitología distinta): la revelación de los mecanismos constitutivos del hacer.



Lo que -adelanto- capta León Félix es esa doble articulación: la de que el relato no es incompatible con la revelación del mecanismo. Su poesía es un movimiento contagioso de revelaciones que, en un efecto de superficie notable, distrae al lector -lo engaña- retardando un final que no existe, desplazando ese punto de detención última. Todo parece conducir a algo. Pero no conduce a nada. El sentido no es la meta de esta aventura: el sentido es lo que retarda la meta en la medida en que la pierde de vista. León Félix parece haber descubierto que si hay un programa disolutivo para el cual se organiza un estado de cosas del mundo y esa disolución no se cumple, el mundo restante, el no disuelto, se vuelve una estampida de haces. El futuro no cumplido no se re-pliega, estalla o tiende hacia el costado. Uno imagina al dinosaurio encorvado por su peso rumbo al futuro y, topando con el muro contra el cual no puede, cayendo exactamente hacia atrás con esos coletazos fatales de pura simetría imaginada. ¿Es posible eso? No. El dinosaurio del futuro se derrumba hacia el costado sobre una multiplicidad de escarabajos. No como Pedro Páramo sobre sí mismo o cualquier estatua de sal: hacia el costado, lateralmente, tangencial.

No sé qué quedará del neobarroco -al cual se vincula a León Félix-. Mauricio Medo trata de afirmar que el neobarroco vuelve por sus fueros como si fuera El jinete pálido o La máscara de la muerte roja. En cualquier caso, lo que para mí constituyó el neobarroco no puede volver: el neobarroco fue una emergencia de escritura. Y las emergencias no vuelven. Y si vuelven es porque ya no son emergencias. Lo que puede plantearse nuevamente ya no como algo triunfal o vengativo o cabizbajo, esa frente marchita del tango “Volver”, es la habilitación de estados de cosas que precipitan emergencias. Entonces sí, acuérdate del neobarroco. Pero en la lógica de León Félix cualquier retorno -aunque fuera el retorno de la dispersión legitimada por una forma eterna del fondo de un naufragio- irrumpiría en el curso hipnótico de esa especie de días inventados de Caducidad. Tal vez la hipnosis sea lo que señala la trampa del sueño o la visión del sueño como una trampa. Sea como sea, uno entra a esos días de Caducidad y siente que no puede salir de ahí. Cayó en la madeja de la emergencia donde se está construyendo el contradía, lo imprevisible que va a actuar exactamente ahí donde se reconoce el principio de rutina, en la pura reiteración. La caducidad entonces ya no es la caducidad del cuerpo sino la caducidad de lo que el humano crea para conjurar el tiempo y posibilitar un cierto orden de vida, una cierta esperanza que, una vez seguida de otra, arme un tejido que le sirva para concebir lo más parecido a un sentido. Lo que aquí precisamente, por hipersaturación secuencial, se desmantela y salta en sus ejes sucesivos.  

DOS POEMAS INÉDITOS DE WILVER MORENO TINEO



COMUNIÓN

La compañera antecede, extiende las manos y abriga al cielo. El ser expuesto y doliente, abierta al flujo de la vida, abierta al amor y propagadora. La compañera cae como la lluvia, extiende y dona su cuerpo como el gran mar envolvente. Yo me sumerjo, encuentro el origen y nado hacia el infinito, hacia la zona cerrada del tiempo, hacia los pliegues eternos de vida. La compañera atiende los sueños, los crea. Ella es soporte de estrellas y la primera creadora. Toda ella rememora galaxias y tierra primigenia. Toda ella es nacimiento. Yo me sumerjo en ella nuevamente, me dejo arrasar por su gloria y me dejo callar por su misterio.


NOCTURNIDAD

La noche estira su negrura sobre los cuerpos, sobre los muñones que levantan sus dedos acusadores. La noche olvida sus motivos, su naturaleza, su crueldad intrínseca. La noche rodea a los cuerpos, los abraza para protegerlos de la luz del sol que abate con su claridad. Ella brinda su oscuridad desinteresadamente. Abajo, los mugidos de sus hijos ruegan por sus brazos, por un poco de su piel materna. Los muñones se retuercen, intentan vocalizar, intentan alzar sus ojos inexistentes, intentan sentir calor en su piel insensible. Este rebaño hace un ruido sordo como de piedra caída dentro de un pozo profundo. La noche mira a sus hijos con piedad, con pasión, con inexpresable amor. “¿Qué puedo hacer para calmar a mis hijos?, ¿qué puedo hacer para aliviarlos?” Los alaridos ahora son menos audibles, más lejanos. La noche entonces  olvida sus ruegos y se concentra en su majestuosidad, en su rotunda nocturnidad y prosigue su reinado.


Wilver Moreno Tineo (Ayacucho, 1982). Integró el grupo literario “El Club de la Serpiente”. Ha publicado el libro grupal Club de la Serpiente. Muestra Poética (Hipocampo Editores, 2007); ha sido antologado en el libro Poesía Perú S. XXI. 60 Poetas Contemporáneos (Escuela de Lima del C.C. Yacana Editores, Lima, 2007); ha publicado el poemario Detritos (Paracaídas Editores, 2009); el libro grupal La Imagen de las Palabras (2009) y ha sido antologado en el libro Rito Verbal. Muestra de Poesía Peruana. 2000-2010 (Elefante Editores, 2011). Poemas suyos han aparecido en medios peruanos y extranjeros. Actualmente prepara un libro de poesía.

jueves, 14 de febrero de 2013

Muere en Miami el escritor y crítico Carlos M. Luis


(3 de febrero) El escritor, crítico y curador de arte cubano Carlos M. Luis falleció la pasada madrugada en Miami a consecuencia de un cáncer. Tenía 80 años, informa el diario El Nuevo Herald, con el cual colaboraba.

Luis, también artista plástico, escribió numerosos prólogos, catálogos y comentarios para muchos artistas cubanos.

Nacido en La Habana en 1932, tuvo una destacada participación en la vida artística en Cuba en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

Después de salir de Cuba, en 1962, residió en Nueva York hasta la década de los setenta. En esa ciudad trabajó en la librería y editorial Doubleday y fundó la revista cultural Exilio junto al compositor Julián Orbón, del grupo Orígenes, al escultor Alfredo Lozano, al fotógrafo Jesse Fernández y al poeta Eugenio Florit.

En Miami, creó la galería Meeting Point en Coral Gables, que fue determinante para difundir la plástica cubana en el exilio. Fue además fundador y director del Museo Cubano de Arte y Cultura, un hito en la vida cultural de la ciudad a finales de los años ochenta y principios de los noventa.  En ese período se realizó una importante retrospectiva que reunió la obra de maestros de la vanguardia cubana como Amelia Peláez, Carlos Enríquez y Fidelio Ponce.

"Carlos fue una figura fundadora dentro de la plástica del exilio. No solo hizo una de las primeras galerías que tuvo repercusión internacional, sino que expuso la obra y trajo a artistas cubanos que residían en otros países", dijo el artista plástico y crítico Aldo Menéndez, recordando la labor de Luis en la divulgación de pintores residentes en París como Jorge Camacho, Gina Pellón y Joaquín Ferrer, y de Mario Carreño, en Chile.

En cuanto a la literatura, Luis fue un profundo conocedor de la obra de José Lezama Lima —de quien fue amigo— y del grupo Orígenes, con los que mantuvo una afinidad creativa y además les dedicó importantes reflexiones.

Con Lezama Lima mantuvo correspondencia desde el exilio. En sus últimos años en Miami profundizó su amistad y sus discusiones literarias con el escritor también fallecido Lorenzo García Vega.

Autor de El oficio de la mirada (Ediciones Universal, 1998), libro de ensayos fundamental sobre la cultura y la pintura cubana, Luis escribió también extensamente acerca del movimiento surrealista y sus derivaciones. A su muerte deja listo para publicación un volumen sobre los surrealistas.

Menéndez opinó que un aspecto fundamental del legado de Luis es su visión de la cultura cubana como una sola.

"Se mantuvo al tanto de cada cosa que sucedía en la plástica cubana en cualquier parte del mundo. Buscaba que en su obra no hubiera una ruptura entre el arte que se produce en la Isla y el que se hace afuera", comentó Menéndez.

"Tenía la esperanza de que los cambios fundamentales [para Cuba] vendrían por el arte y la cultura", apuntó.

Por su parte, el pintor Baruj Salinas, también amigo de Luis, recordó su afición por la música y por los viajes, que consideraba como una excelente oportunidad para adquirir CDs y libros de arte y filosofía.

Como crítico, Luis fue "gentil con los pintores que quería, y a su vez evitaba herir a los artistas con sus escritos", afirmó.

"Murió rodeado de sus cuadros y de sus libros, que tanto quería. Sus amigos lo vamos a extrañar mucho", expresó Salinas.

http://www.diariodecuba.com/cultura/15158-muere-en-miami-el-escritor-y-critico-carlos-m-luis


A Carlos M. Luis lo sobreviven su esposa Martha, sus hijos Jorge y Vicky, y sus nietos.

miércoles, 13 de febrero de 2013

MIGUEL ÁNGEL ZAPATA: CUERVO EN EL DESIERTO, Por Roger Santiváñez


Esta reseña escrita por Roger Santiváñez en el año 2004 es inédita y se publica aquí por primera vez como un homenaje a estos buenos amigos.

Una prestigiosa ave literaria sobrevuela por El cielo que me escribe de Miguel Ángel Zapata. Se trata –claro- del cuervo poeiano pero a diferencia de aquél, éste no simboliza la inexorable muerte sino la vida y la poesía: “flauta de tinta que gotea mi envoltura” (14). A partir de aquí Zapata nos entrega distintas imágenes de la oscura ave –para él brillante, más “que un cometa prendido en el cristal” (14) ya sea deambulando entre sus papeles u otorgándole la voz poética. En definitiva, será una presencia constante a lo largo de todo el poemario. Y entonces principia el concierto. Zapata escribe inspirado en el cielo, o mejor: lee en el texto del cielo lo que nos va a decir en su poesía. Sus temas son los de la lírica eterna, pero él los sitúa en su ambiente particular: “mis hijas pasean en bicicleta por la cuadra” (17). El poeta está en su casa y la “ceniza adivina el barro que seremos” (17) al mismo tiempo cae la nieve y en ese instante la utopía se apodera de él, lo que está más allá o en ninguna parte y que –en realidad- termina siendo la misma poesía: “el relumbre de una nueva lengua rumorosa” (19).
       Ahora entra el desierto, otro de los temas recurrentes de esta poesía. Pero éste no es sólo un escenario natural sino la imagen del alma, allí donde los sueños irán a quemarse bajo el sol, ya sea en el lejano y desértico norte del Perú (Piura, la patria chica de nuestro autor) o  el suroeste de los Estados Unidos (donde Zapata moró un buen tiempo). El poeta está fascinado por el desierto, pero en verdad podríamos decir que toda la realidad lo subyuga y él quiere captarla mediante la escritura. El río, unos venados, los alamos, una montaña, y una muchacha por supuesto: “Escribo el rumor de su cuerpo refrescándose en el agua” (21) pareciera que el poeta deseara aprehender el mundo que lo rodea a través del acto de escribir. De este modo la poesía se convierte en un hecho esencial de conocimiento. La actitud y la práctica escritural definen la existencia y su participación en la historia, aunque a veces ésta sea un enigma: “escribo otra vez la señal que desaparece en la ventana” (21).
       Otro aspecto de la obra de Zapata es su carácter fuertemente lírico. Un verso nos bastará para demostrarlo: “Cien globos de luz a lo lejos perlas de flores en llamas” (23) en el que apreciamos una inteligente lectura del surrealismo (que está interiorizado) y nos habla de las nueve esferas y las constelaciones en un arranque que se entronca con la mitología griega y llega hasta nosotros cuando “la Razón se desvanece” (23). Y en esta onda espiritualista Zapata se acerca a lo religioso y a su fé durante la infancia.(No olvidemos la impronta católica que lleva casi todo poeta latinoamericano, Vallejo verbigracia) Y aquí aprovechamos para citar una súbita visión andina del autor: “me pareció ver una alpaca corriendo por el prado” (25) pero siempre retornaremos al calor del hogar donde la esposa es dibujada con esta línea:  “Tu hada de carne y hueso te sirve café con crema” (26) y es la hora del poema, instante mallarmeano del encuentro con la página en blanco.
       El libro continúa –en una suerte de círculos concéntricos- su onda expansiva sobre aquellos puntos señalados hasta aquí. “Mirar para escribir el poema” (28) o “En la ciudad se escriben los cantos del río de la dicha” (28) nos ilustran claramente de su ars poeticae. Así encontramos reminiscencias de la infancia en el valle del bajo río Piura, la rica hacienda paterna y el primer atisbo del erotismo. O un canto al río Mississippi aquí en la tierra de adopción, lo mismo que la contemplación de una muchacha en un camposanto y que a la manera de Juan Ramón Jiménez le hace decir: “Al verla correr con sus pequeños shorts transparentes deduje que los cementerios no tenían por qué ser tristes” (37) para volver al Perú esta vez con un homenaje a Machupicchu en el que el núcleo poético del libro se nos manifiesta de nuevo: “y me escribe la piedra su mejor sonido” (39). Vemos pues que se trata de un movimiento doble: la realidad se mete en la escritura y el poeta con su escritura se inmiscuye, se apropia –diríamos- de la realidad. Ya sabemos -como nos lo dice nítidamente Miguel Ángel Zapata-  que es “Difícil vivir sólo de la hermosura” (40) pero cuando la pasión por la poesía es auténtica, nos ofrece óptimos frutos tal cual los poemas en prosa de El cielo que me escribe lo hacen por todo lo alto. Y entonces dicho vivir habrá tenido sentido.

[ Róger Santiváñez / Navidad 2004]
Obra Citada:
Zapata, Miguel Ángel. El cielo que me escribe. México: El Tucán de Virginia, 2002.

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