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domingo, 31 de julio de 2016

EXPOSICIÓN CONMEMORA LOS 90 AÑOS DE NACIMIENTO DE BLANCA VARELA EN CASA DE LA LITERATURA PERUANA


Coincidiendo con el día en que cumpliría 90 años de edad, el miércoles 10 de agosto, a las 7:00 p.m., la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Áncash 207, Centro Histórico de Lima) inaugurará la exposición Presentimiento de la luz. Vida y obra de Blanca Varela, la cual propone un acercamiento al universo literario de la poeta mayor de nuestras letras. El ingreso es libre.

La muestra, cuyo título ha sido tomado del poema “El orden de las cosas” del libro Luz de día (1963), propone un recorrido por los principales rasgos de su obra poética: la materialidad, lo plástico, el cuerpo, el cuestionamiento sobre la existencia y lo humano.

La trayectoria intelectual y poética de Blanca Varela se vincula a los más profundos cambios del siglo XX, tales como la independencia de la mujer, la revalorización de la propia tradición cultural y la modernidad artística.

La exposición se organiza en cinco zonas: Una música futura, corresponde al periodo de formación de la Generación del 50, la relación entre los jóvenes escritores Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson y los escritores José María Arguedas y Emilio Adolfo Westphalen en torno a la Peña Pancho Fierro y a la Universidad San Marcos. El orden de las cosas, zona dedicada al descubrimiento de lo latinoamericano y lo peruano y la influencia del existencialismo durante su estadía en Francia con Fernando de Szyszlo. Ejercicios materiales, espacio en donde se despliega su proceso de creación poética, se encontrarán mecanografiados y manuscritos, versiones corregidas de sus poemas y documentos inéditos. Todas las primaveras que inventas, presenta su poesía vinculada a la experiencia de ser madre y se aborda su biografía a partir del testimonio de su familia. El gran aire de las palabras, presenta su labor intelectual a través de la crítica cultural y su labor editorial.

Entre las piezas de exhibición se destacan decenas de fotografías originales, cartas, manuscritos, mecanografiados y textos inéditos del archivo de la poeta, nunca antes expuestos. Además, se exhibirán dos videos con entrevistas a la familia de la poeta y a escritores amigos de la poeta como Alonso Ruiz Rosas, Mirko Lauer, Carmen Ollé, Ana María Gazzolo, Giovanna Pollarolo, entre otros. También se cuenta con la participación del fotógrafo Herman Schwarz y las fotógrafas Mariella Agois, Alicia Benavides y una instalación inspirada en el poema “Currículum Vitae” de la artista Margarita Velasco.
Además, se ha publicado una edición no venal de El falso teclado, último poemario escrito por Blanca Varela y que hasta ahora no había sido publicado de manera autónoma. Este libro de 36 páginas se obsequiará a los visitantes de la muestra.

La muestra es posible gracias al apoyo de la familia de Blanca Varela que ha cedido el archivo para su investigación y exposición. La curaduría está a cargo del historiador del arte Daniel Contreras y la investigación está a cargo de Kristel Best y Joan Muñoz. La muestra estará abierta al público hasta diciembre de 2016.





Para mayor información comunicarse al 4262573 anexo 103 o con Jaime Cabrera, jefe del Equipo de Promoción Literaria de la Casa de la Literatura, al 99-5544795 (Movistar) o al 940-623916 (Claro).

LAS VIÑAS DE MORO DE JULIO ORTEGA



LAS VIÑAS DE MORO

I

Campesinos de Puno caminaron hacia Tacna o Arequipa o ingresaron por la ceja de la montaña —oh alta estrella de la noche: he caminado tocando tu pecho—, brillan las barriadas de Lima como retorcidas flores de la arena: las puertas de las chozas están abiertas y afuera corren sus entrañas, los niños —báñame con tu acero blanco, he tocado tus cuerdas en el agua—, oh casas manchadas por cáscaras de fruta y espuma de ron, de pronto se despiertan los perros en la medianoche, en los bares del camino los choferes beben té con pisco.

                        “¡Si no vienen las lluvias iremos al mar!”.

            Se reunieron en la oscuridad susurrando: aprisa entre la maleza hacia el arenal —y mi madre cercó un morro cubierto de yerba dura, sentada bajo el sol esperaba—, alzarán sus palos y alzarán esteras, murmurando, y banderas peruanas para que la policía no los desaloje por temor a quebrarlas —y el domingo en la mañana los pobladores formaron un comité.

                        “Con nuestras vasijas recién cocidas,
                        llevando a nuestras mujeres y a los mayorcitos
                        entre los hijos, para que sepan,
                        bajaremos la quebrada de día
                        y de noche el arenal”.

            ¡Pero que nadie golpee estos hombros! Y en Chimbote sólo las mujeres alzaban sus puños, brillando en sus trajes de percal floreado, frente a la guardia civil, confiadas en ser torpes y madres: que los hombres no salgan, decían, a nosotras no nos matarán —y sentí el indefenso calor de sus cuerpos cuando me rodearon, cuenta lo que has visto, gritaban— y mi madre dijo que el comité las defendería.

                        “¡Llevando vasijas hasta el mar!
                        Oh boda del mar y la montaña,
                        pártanse, nubes, cuando volquemos
                        el agua salada en el pico más alto.
                        Cantemos como la cebada madura
                        aquí nos mojará la lluvia”.

            Brilla estrella de la noche: en la Estación del Ferrocarril a Huallanca grandes bultos derraman sus propiedades y propietarios, oh tierra vencida en este mundo, aquí cae el ala del mar, aquí la luz de la ciudad oscila como un pálido sol del enigma —y mi padre hablaba de volver algún día a los huertos de Yaután, a las viñas de Moro que conocieron el peso de su cuerpo, en su pequeña bodega elogiaba la rapidez con que viven los vinos—, lejos está la tierra agotada como un buey sin memoria, los hermanos que murieron en sus brazos con los pómulos pelados, lejos los parientes que buscaron en las haciendas, donde beben alcohol, las otras invasiones de la vida perdida —Buenavista Alta y Buenavista Baja, Casma, Quillo, Huanchuy, Cochabamba: gente de sombrero blanco, en el hondón de frutas, pequeños comerciantes de los árboles, pueblos donde anduvo mi padre en un caballo joven.

                        “Nuestros padres esperaron a la lluvia
                        que silba de noche en sus huesos.
                        Los árboles conocieron a los abuelos,
                        el dios de la cruz no disputa con el cerro,
                        nadie muere aquí sin que sea enterrado”.

            Dejaron a sus padres atizando el último fuego, disputándose la piedad de los muertos, empalidecen viajando —viajando en el tren, la vida es como de pan que se va deglutiendo y el corazón dormita como un pájaro aferrado al ronquido del motor, este ruido habrá de apagarse, de pronto en Lima dejaremos de bufar—, y de noche descansan, sus ojos crecen, de pie en las orillas de las ciudades, entumecidos como la pelambre de los caballos que acaban de nacer.

                        “Nuestros padres fueron enterrados
                        bajo otras piedras, lejos
                        aquí sólo niños y mujeres
                        conocieron la podredumbre.
                        Ya nadie lee nuestros papeles,
                        los enemigos han comido de estas tierras,
                        pero nadie deberá tocar
                        estas últimas piedras”.

            Sus cuerpos son blancos en los muelles, aguardan en las calurosas fábricas de harina de pescado, los llevan en camiones negros y húmedos: en los mercados o los restaurantes, y los domingos con sus pantalones azules se sientan en el malecón comiendo plátanos y bizcochos, aquí están, y sus ojos en el otro extremo del día, o en la lejana noche de los perros de la infancia —los he oído ladrar a todos ellos una noche que los reunió como a los años—, en la última posibilidad de este mundo —un pequeño campo donde se mueve la mano de mi madre, mi familia que me aguarda en el viejo guante del frío: y el pan se parte y apenas es posible abrir los ojos sobre sus cuerpo que resuenan hacia atrás, donde nacen ríos, donde empieza el sol.

                        “De los árboles el sol extrae pájaros.
                        La tierra ya no canta para la lluvia,
                        vagan los espíritus por sus pecados,
                        nuestros hijos nos miraron con piedad.
Nuestros hijos nos envían sus fotografías”.

            Murmurando bajo las estrellas bermejas, en los largos caminos por donde bufan los camiones, compran el pan de molde o el pan de trigo y lo envían a sus padres que aman el pan salado de la ciudad, el suave pan que penetran como una carne afortunada.
            “Del polvo no se levanta la cebada, requiere las manos del hombre sobre los canales del riego que hablan de noche cuando el agua salta como un macho celoso, buscando la débil guarida de la vida. Suben y descienden nuestros canales persiguiendo el nacimiento del agua. Cruzando el cuello de los cerros, la boca y el pecho tierno de los animales”.
            ¡Oh venas que yacen deshechas por el viento y el sol lento, quebradas como paja que la noche aleja de las manos! Y el agua murmura más lejos, atada por otras bocas donde se agota como un pájaro sin hijos.
            ¡Adiós bulla del agua en la noche pesada de estrellas! ¡Adiós pájaro negro de los caminos, mosca de los caballos, adiós animalitos!
            Están viajando. Como los altos canales que murmuraban encima de sus templos y sobre sus cuerpos, coronando a sus hijos y mujeres.
            El agua que va madurando y que aguarda.

II

Nuestros cuerpos entre los suyos, que juran vivir. De esta tierra hemos venido, del vientre de nuestras madres, de nuestros hogares: este polvo nos acompaña buscando vivir en la semilla. No podemos perecer: lo hemos dado todo. He aquí la nueva belleza, la certidumbre de beber juntos. Un reino de tierra donde el agua hemos defendido, el corazón que requiere de la tierra, aquí estamos volcados, de esta tierra el viento no podrá arrancarnos: aquí vigilamos el agua de mañana.
Cantan los que dieron batalla. “Cuando veas correr nuestra sangre, podrás pedirnos piedad”:

“Escúchanos, si puedes abrir los ojos,
sé nuestro hijo, atiéndenos”.

Es necesario desandar la noche y palpar los objetos abandonados por la prisa  de huir: un vaso de agua que no se bebió, las máquinas oxidadas de los zapateros, los viejos libros que ya nadie comprará. No corren estos rostros por la calle, por las palabras no asomaría, no figuran en las historias. Pero sólo aquí las palabras tendrán el sol por origen, tu cuerpo sólo aquí será real, entre estos gritosy sus manos, un bosque que murmura y agoniza. Los que dieron batalla.

“Oh calles tan hermosas
y noches que la fiebre da luz,
aquí hemos corrido y caído,
si nos recoges tu sombra será roja.
Aquí, sobre nosotros
tu cuerpo no conoces
hasta dónde se escucha gritar,
cuánto dura la noche para el golpeado.
Dimos batalla: disfrazados
o escondidos, mil veces
hemos llorado al cerrar una puerta,
hemos comido murciélagos
en la oscuridad de las celdas.
No hemos hecho sangre para la piedad,
sé hijo nuestro,
la memoria está en la tierra”.

No hay silencio en el verano: hermosa y dura es la tierra. La recogen los ojos en el verano, como la mayor riqueza, semejante a los cuerpos o la luz, no conocen fin ni número. Caminando.
Zoon politikon. Y también comen pan los que se vendieron. Sus cuerpos ignoran el sol que los calcinará, el sol que les dará caza como a pequeños animales demasiado hábiles para una muerte sencilla. Aferrados a las viejas palabras que se resquebrajan como se astillaron ya los mitos que sustentan sus casas. Mientras se quema la grasa del orden viejo. Y no serán perdonados.
Caminando: otros arreos no conoce la razón fuera de sus preguntas y  restas, en el cuerpo y en esta tierra, sólo la luz entra por los ojos. Oh suave arena de la razón, pequeño campo de batalla. Aquí daremos gobierno a los vientos oscuros y a los cálidos, aquí nuestras manos harán conocer el castigo o el llamado. Aquí los ojos son nuestra paz, son nuestra guerra: lo que está afuera y lo que está adentro se reúnen en la carne bañada por el verano. Si corren dos mundos sólo en uno viven, en el cuerpo y los cuerpos. Como las aguas de un río que se revuelven dominando las piedras según su peso que no descansa. Alta tierra del verano, profunda es la luz en los ojos.
Zoon politikon. Y la razón no conoce paz, no conoce mentiras. Como nuestros ojos, como la luz dentro de nuestros ojos. Entre los que viven, como la luz vive así, y también el amor vive como un río, y nadie vive fuera de sus aguas.
Zoon politikon. No aumentes la confusión, no inventes nuevos pedazos en el roto tiempo, en el mundo que mana por varias heridas. Astas de la destrucción: fuego y muerte extienden su sombra, aquí hay que salvar la luz penetrando los ojos.
Zoon politikon. Un reino de tierra donde el tiempo que vendrá hará llamear su fuego para purificar nuestras dudas en las calles, venciendo al tiempo de la confusión, al polvo que se levanta bajo el peso de las grandes maquinarias. Un reino de tierra bañado por los ríos que prendieron en el bosque jóvenes muertos a bala. Gente en las calles gritando en nombre del barro que hay que transformar, cada uno según sus manos: son pocos los nombres de la justicia.   Aquí estamos, aquí recogemos la tierra.
Las muchachas fijamente miran. Que nunca sean quebradas sus venas, que el corazón no las ahogue; y tú, tiempo, preserva sus ojos, sus señales de viajar donde muerden la aventura de la luz.
Muchachos del dulce verano. Que sus frentes nunca sean pasto de llamas negras, que la codicia o el engaño no les roa la boca: presérvalos charlando sobre la Biblia o el mundo, dales de comer tu fuego cuando preguntan y ríen: que no tengan precio. Oh corazón que eres joven como el sol: no te alejes de sus manos que todo aguardan de un más sencillo modo de mirar.
Zoon politikon. Que ellos defiendan el barro, que ellos no teman a las calles. Tenga salud el amor en sus frentes. A ellos, ahora, caza debemos darles, sus pechos debemos ganar si nos leen, capturándoles el deseo de preguntar: haciéndolos sangrar como el verano en otra calle.
Y una jerarquía para los valores: el nuevo hombre, como un fantasma que bebe de nuestros pulmones. Lo busco en las mañanas, hurgando en mi infancia: los que viajan, los que soportan el auge de las industrias, los contadores públicos y maestros. En las familias: la lucha por la vida y el pálido amor propio. Y el amor propio que alza los ojos del pescador: el sentimiento de estar caminando juntos, riendo, nosotros que perseguimos al sol y este su reino, nosotros que creemos en nuestra falta de sueño y en la risa de las mujeres. Un reino de tierra, aquí, ofreciendo el orden nuevo del amor, el agua que mata toda sed acrecentándola en los remansos  que funda, orillas de arena más rica que el oro, como llamas fijas del hogar. Por las más grandes necesidades. Por el hambre y la sed. Por todos los extravíos humanos: la acusación del cuerpo, la medida de la realidad, su gran fantasía.
El tiempo que vendrá: aquí aramos la tierra para sus árboles y muchachos, aquí tocamos nuestra sangre para golpear su corazón. Creo en este hombre que respira mi aire, creo en sus hijos.

Canción: buscan la mar
los ríos, se buscan, blancos,
en un reino azul; buscan
también las aves, cantando,
una estación. Y tú, ¿dónde
buscas calar y nacer?
A mí no te debes, anda
y toma tu vida, y cuéntame
si es razón mi fantasía,
porque mi sueño es tu acción

y sólo lo cierto es hermoso.
                 

JULIO ORTEGA (Casma, Ancash, 1942). Aunque es más conocida su faceta como ensayista, Ortega también ha publicado novelas (Adiós Ayacucho, Habanera) y poesía (fue uno de los antologados en Los nuevos junto a Lauer, Cisneros, Hinostroza, Martos y Henderson). Poemarios: De este reino (Prólogo de Armando Zubizarreta. Lima: Ediciones de La Rama Florida, 1964); Tiempo en dos (Lima: Ediciones de la Revista Ciempiés, 1966); Las viñas de Moro (Lima: Editorial Universitaria, 1968); Rituales (Lima: Mosca Azul Editores, 1976); Canto del hablar materno (Caracas: Pequeña Venecia, 1991) y La vida emotiva (Lima: Eds. Los Olivos, 1996). 

miércoles, 20 de julio de 2016

MARTES 26 7PM PRESENTACIÓN DE AGUAS MÓVILES. ANTOLOGÍA DE POESÍA PERUANA 1978-2006 EN LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA


Perro de ambiente, editor se complace en anunciar
la presentación de la antología de poesía peruana:


AGUAS MÓVILES
Antología de poesía peruana 1978-2006
Edición de Paul Guillén

Portada
Ale Wendorff

200 páginas
14.5 x 21 cm
Rústica

Este libro será presentado el día martes 26 de julio a las 7:00 p.m. en la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Ancash 207, Centro Histórico de Lima, Antigua Estación de Desamparados). Los comentarios estarán a cargo de Camilo Fernández Cozman y un recital con Andrea Cabel, Juan de la Fuente, Willy Gómez Migliaro y Enrique Sánchez Hernani.

La Obra

Aguas móviles es una antología que recoge las voces de autores peruanos nacidos entre 1952 a 1982 y que empiezan a publicar sus primeros libros a fines de los setenta, es decir, el tramo temporal que comprende abarca las “generaciones poéticas” del 80, 90 y 2000, pero analizadas en conjunto y como tendencias. Paul Guillén en el prólogo del libro observa seis sistemas dentro de la poesía peruana contemporánea: 1) sistema del lirismo, lenguaje de imágenes irracionales y surrealistas; 2) sistema de la poesía escrita en lenguas aborígenes; 3) sistema coloquial; 4) sistema del concretismo y post-concretismo; 5) sistema neobarroco y 6) sistema de la poesía del lenguaje.  

Los autores incluidos en el libro son: Yulino Dávila, Carlos López Degregori, José Pancorvo, Dida Aguirre, Oswaldo Chanove, Mario Montalbetti, Enrique Sánchez Hernani, José Morales Saravia, Iván Suárez Morales, Pedro Granados, Roger Santiváñez, Magdalena Chocano, Renato Sandoval, Reynaldo Jiménez, Patricia Alba, Eduardo Chirinos, Domingo de Ramos, Rossella di Paolo,  Mariela Dreyfus, Rafael Espinosa, Odi Gonzales, Juan de la Fuente, Maurizio Medo, Xavier Echarri, Javier Gálvez, Jorge Frisancho, Willy Gómez Migliaro, Miguel Ildefonso, Victoria Guerrero, Darwin Bedoya, Manuel Fernández, José Carlos Yrigoyen, Giancarlo Huapaya, Andrea Cabel y Tilsa Otta.


El compilador

Paul Guillén estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde ejerce la docencia y tiene una Maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Texas en El Paso.

martes, 12 de julio de 2016

ISAAC GOLDEMBERG PUBLICA NUEVO LIBRO EN INGLÉS


Traducido al inglés por Stephen A. Sadow.
Introducción de Raúl Zurita.

DíazGrey Editores, con sede en Nueva York, ha publicado Philosophy and Other Fables, traducción al inglés del libro inédito en español, “Filosofía y otras fábulas”, del escritor peruano Isaac Goldemberg.

Según afirma en su introducción el poeta chileno Raúl Zurita, Philosophy and Other Fables es “un libro inusual en la literatura peruana, Goldemberg alcanza una dimensión nueva, un tono (es decir; un despojamiento, una distancia, una ironía) que hacen que este libro represente uno de los logros más cuestionadores y brillantes de la escritura de hoy. Con un lenguaje que cumple con la exigencia de ser  directo y al mismo tiempo de significaciones múltiples, estos textos no traen consigo únicamente una atmósfera de añoranza, sino que también y es lo que fascina, plantean una crítica extrema a ese aparato metafísico premoderno al que se le ha puesto curiosamente el título de postmodernidad y en el cual el ser humano es fiel reflejo de la confusión y el caos”.

Por su parte, Stephen Sadow, el traductor de este libro, señala en su introducción que estas fábulas “confrontan al lector obligándolo a encontrar su significado, si existe uno o varios. Los protagonistas de estas fábulas pueden ser el “Bien”, la “Poesía”, la “Mesa” o el “Ser Supremo. Las fábulas mismas son modelos cuyos significado pueden ser aplicados a numerosas situaciones históricas y a eventos contemporáneos ocurridos en este planeta. Hay un humor malicioso capaz de sorprender o de desconcertar al lector. Goldemberg no narra historias de animales, ni estas contienen moralejas claras.  Si bien algunos de sus conceptos pueden tomarse al pie de la letra, la ambigüedad acecha por todos lados.  Estas fábulas están lejos de ser realistas. No hay referencias a personas reales, solo referencias vagas a las características de los ‘personajes’. Y los arquetipos que pueblan estas fábulas están abiertos a lecturas superficiales o a otras mas complejas o cabalísticas”.

Isaac Goldemberg nació en el Perú en 1945 y reside en Nueva York desde 1964. Su novela La vida a plazos de don Jacobo Lerner ha sido seleccionada por un jurado internacional de críticos literarios, convocado por el Yiddish Book Center de los Estados Unidos, como una de las obras mas importantes de la literatura judía mundial de los últimos 150 años. Actualmente, Goldemberg es Profesor Distinguido de Humanidades en Hostos Community College de la City University of New York, donde también dirige el Instituto de Escritores Latinoamericanos y la revista “Hostos Review”.

CINCO POEMAS DE EFRAIN MIRANDA