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martes, 13 de diciembre de 2016

Stéphane Mallarmé y la furia de Hinostroza, por Víctor Manuel Mendiola

Como pocos poetas en lengua castellana de finales del siglo xx, el joven poeta Rodolfo Hinostroza tomó ventaja de la difícil y hermosa idea de Un tiro de dados de Stéphane Mallarmé. El libro con el que ganó el Premio Maldoror de 1970, otorgado en Barcelona por Octavio Paz, Félix de Azúa, Carlos Barral, José María Castellet y Jaime Gil de Biedma, era y es un momento culminante de la poesía hispanoamericana y mostraba que la búsqueda del Libro, de la Obra, proseguía siendo un manantial verdadero de invención, no obstante que una buena parte de la mala poesía —amanerada, hueca, aburrida y caprichosa— también derivaba de esta legendaria fuente.

Hinostroza había comprendido de manera honda, en consonancia con Blanco y con Farabeuf, la dispersión y la concentración, la simultaneidad y la velocidad que Stéphane Mallarmé le obsequió a la literatura del siglo xx. En un estilo exuberante y arrollador, la furia vital y poética de Hinostroza reanimó los signos, las alegorías y los ideogramas. No en balde, entre las facultades del poeta peruano estaban el conocimiento de las cocciones y los símbolos del zodiaco. Cocinero y astrólogo. Con una frescura inesperada, en Contra natura, “la solitaria pluma extraviada” recobraba animación y, contradictoriamente, nos lanzaba al universo gozoso, desaforado y trashumante de la vida de un joven en los años sesenta. El libro con el que Hinostroza ganó el premio es inolvidable porque nos muestra de manera franca e intensa el anhelo de alcanzar la composición múltiple y, a la vez, el poder enorme del imperativo poético, siempre en camino hacia lo inesperado y en concreción del lenguaje más riguroso. Todos los poemas de Contra natura, sobre todo “Imitación de Propercio”, “Celebración de Lisistrata” y “Horóscopo de Karl Marx”, ponen de relieve la concentración corrosiva de la pluralidad poética que transfigura las cadenas de la sintaxis y los átomos de las palabras al introducir el peso, el silencio del espacio. Por eso no es extraño ni una frase huera que Hinostroza afirme categóricamente:

la simetría es muerte
/ en la naturaleza /
es muerte
árboles geométricos
jardín Isabelino
herido por la muerte
no carnal no cálida

Mallarmé, como todos sabemos, después de un vehemente y hondo proceso de búsqueda y decantación, donde son estaciones fundamentales “La siesta de un fauno”, “Soneto en IX”, “La tumba de Edgar Allan Poe” e “Igitur”, se encontró con el azar y la nada como ingredientes fundamentales del universo y, tal vez, comprendió que no había otra forma de aproximarse a esta realidad que echando mano —como explicó Jorge Cuesta— de una alegoría que nos ofrece la realidad “de un modo interrogativo” o en una pintura “que se pinta misteriosa e inmaterial”. En Un tiro de dados se cumplía por segunda vez y en forma poética la transformación del sujeto en objeto y surgía la justificación estricta del texto como un mundo autónomo, con ficciones evanescentes y sin relato. En toda la centuria siguiente dominará esta sustantivación. Hinostroza comprendió cabalmente la mudanza. La asumió con una madurez precoz y supo, de un modo ardoroso, que vivimos dentro del lenguaje no sólo porque hablamos sino porque éste nos habla, nos elabora, nos hace vivir, desde todos los ángulos posibles del firmamento infinito de las palabras.

Muy bien podríamos decir que era un destino que Hinostroza tradujera Un tiro de dados jamás abolirá el azar. En esta apropiación del poema de Mallarmé, el poeta peruano se explica a sí mismo y explica la explosión de libertad y entusiasmo de los años sesenta —era el momento increíble de los “signos en rotación” que el propio Paz había descifrado de un modo agudo. Las letras y los números se dispersaban en la página, en el aire, en el cielo y, al mismo tiempo, ofrecían la oportunidad de crear nuevas imágenes y cifras. Hinostroza descubrió con toda claridad la diagonal plena y la diagonal vacía como un camino de interpretación y traducción del poema.

En México, el entendimiento del poeta francés, Mallarmé, es una experiencia remota y esencial. En ella destacan los ensayos de Reyes; las lecturas de los contemporáneos; el ensayo sobre el “Soneto en IX” de Octavio Paz; las traducciones del “Soneto en ix” del propio Paz, de Ulalume González y de Tomás Segovia; las reflexiones de Salvador Elizondo; y las traducciones de Un tiro de dados de Jaime Moreno Villarreal, publicadas por Ditoria y de Ximena Subercaseaux, editada por Mantis Editores y Ediciones Sin Nombre.

Con esta nueva edición sólo queremos recordar a Rodolfo Hinostroza y pensar, al mismo tiempo, en quienes nos han permitido leer “el poema más hermoso del mundo”.

Fuente:
http://www.razon.com.mx/spip.php?article330718

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