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martes, 29 de agosto de 2017

Lírico puro de Willy Gómez Migliaro: Poesía esencial, por David Antonio Abanto Aragón

Al decir lo que dicen
los nombres que decimos
dicen tiempo: nos dicen.
Somos nombres del tiempo.
Octavio Paz

En tiempos en el que el horror y la muerte, el silencio y la indiferencia van de la mano, articular lo que se queda en la garganta o en la carne es cada vez más difícil en singular. Nunca como en estos tiempos ha sido tan relevante recordar las raíces plurales de la poesía. Lúcido e intenso, incandescente y enigmático Lirico puro (Hipocampo editores, 2017), el nuevo poemario de Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) nos lo viene a demostrar con vigor.
Y en su caso, un poemario nuevo lo es en todo el sentido de la palabra, porque Willy Gómez explora posibilidades diversas en cada uno de sus libros, pasando de la textura abigarradamente metafórica a la experimentación de Lírico puro, donde el caudaloso verso del poeta se siente transfigurado por un ¡Eureka! que le hace desentrañar la experiencia primordial que armoniza la escritura, la creación poética y la vida.
Asistimos a una síntesis expresada en composiciones esenciales en rotación permanente, como ocurre con las imágenes capturadas por «una cámara de video en movimiento» señala Nivardo Córdova Salinas y a través de cuyas imágenes «el lector hace el poema, lo termina, construye su objeto poético» dice César Pineda Quilca.
Lirico puro se ofrece como un drama compuesto de soliloquios y aproximaciones: a la vez delirante y ascético, el yo poético entrega fragmentos de su experiencia y el misterio de la poesía.
El título juega con dos imágenes del poeta como creador. La imagen del poeta como un «lírico puro», vigente en posiciones esteticistas que reivindican una discutible «poesía pura» afín a una idea simplificada de la mística y, por cierto, de cierta lírica amorosa de estirpe romántica: un poeta «puro». La imagen del poeta como el artífice verbal, explorador de los abismos y los enigmas (ricos en conexiones religiosas, filosóficas y psicológicas) del ser humano inmerso en el «mundanal ruido» de la sociedad: un poeta «comprometido».
Vinculado a esto el título nos remite a la idea de una creación «pura» opuesta a la llamada creación «comprometida» (adjetivos que remiten a calificaciones muy empleadas en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado para distinguir dos tipos de poesía).
 Sin embargo, estas imágenes, que invitan a la dicotomía que distancia el vuelo sublimado «desencarnante» de la inmersión implicada con la realidad, caen destrozadas en la sólida propuesta poética de despliega Lírico puro. Sus composiciones están nutridas de belleza y experiencia social a la vez. Nos muestran que lo esencial de la poesía se encuentra en la vida misma de las palabras, y es en esa profundidad de la palabra donde hay que encontrar la acción de la poesía y, a partir de ahí, comprender su importancia. Entender y sentir que la poesía es el fundamento de la vida en sociedad.
Cómo separar lo «puro» y lo «social», en una poética expresada en composiciones que escarnecen la burocracia y la alienación. Como ha explicado Javier Ágreda, la poesía de Willy Gómez Migliaro «une la experimentación verbal con la reflexión sobre temas trascendentes; una combinación que asegura la calidad de los textos, pero que también les da un cierto hermetismo».
Su poesía, añadimos, cree en la palabra —bella o fracturada— como acción. Se aproxima de un modo no escéptico al lenguaje. Es arma cargada de futuro y en cada representación de la realidad alguien toma partido. Cuando vacila, teme, sospecha. También cuando legítimamente afirma.
Sus composiciones tienen un ademán vertiginoso que lleva implícitos el impulso moral y la imperfección que engrandecen las artes. Es una exploración profunda a modo de una aventura transfiguradora y no de mero alarde ingenioso o adorno rítmico-metafórico.
Todos sus elementos contribuyen a la nostalgia de nuestra disolución porque esa mirada del poeta, solo a través de la cual el caos nos es comprensible como un elemento del orden ficticio que nos permite entendernos de cierta manera con la realidad, sabe mirar más hondo que nuestros ojos y sabe descubrir en nuestra posibilidad de aniquilación la trampa de la realidad, la certeza del todo y de la nada.
Y es que como ha señalado el poeta en una entrevista hecha por Katherine Medina: «La poesía es otra manera de pensar la vida. Los que escribimos poemas sabemos que apenas nos alcanza el lenguaje. Nuestros balbuceos no sirven para nada. Sin embargo, nuestros cantos son siempre de vida y esperanza».
El poeta es un hombre y más que uno a la vez: una multitud de voces acalladas, de deseos sepultados por la chatura oprimente de las convenciones sociales, que pugna por liberar las pulsiones nocturnas, por hundirse en el goce del exceso o la locura. Y cuando la disolución parece inevitable, acuden las fuerzas apolíneas, el temple, la firme serenidad para no apartarse del surco esperanzado de la vida.
Javier Ágreda subraya que «En estos nuevos poemas esos grandes temas siguen estando presentes, pero solo como trasfondo, pues los versos giran más en torno a la experiencia cotidiana y la memoria personal». De algún modo, Lirico puro es un viaje de la memoria.
Pineda Quilca ha señalado, por su parte, que en las composiciones de Lírico puro «vemos cómo se construyen y devalúan los objetos, en la palabra, para instaurar una nueva lectura, una nueva búsqueda de sentido para integrar quizás el alma a las cosas» y añade que «La escritura de Lírico puro se impone como una respuesta a la imposición del sentido, de la razón y de una dictadura estética», con la presencia de «una impronta surrealista, de poesía fragmentaria, de discurso disgregado posmoderno».
Por nuestra parte queremos apuntar que más que la entrega al flujo poético de la escritura automática del surrealismo (que permitiría percibir Lirico puro quizás «como un solo poema largo»), se nutre de la efusión de la experiencia beatnik, expresada con recursos expresivos que se acercan más al collage textual de la poesía de lengua inglesa, que a la incandescencia de la imaginación surrealista.
En las composiciones en rotación de Lírico puro se intuye una poesía de dos tonos que se interrelacionan e integran permanentemente. Por un lado, el tono confesional, que rezuma a menudo la desazón por los sueños que quedaron en promesas incumplidas, la angustia ante el futuro incierto, el dolor de la insatisfacción, pero también, por otro lado, una poesía de tono expresionista que Córdova Salinas caracteriza como «una poesía que confronta, que desenmascara, que revela el lado oscuro del mal llamado milagro peruano, donde por ejemplo la informalidad, la explotación laboral, la industria de la falsificación y el crimen organizado a veces visten de saco y corbata, donde incluso la alienación se desborda y la violencia social impera en todas sus formas».
Lirico puro despliega esa transformación de la subjetividad que trasciende la rutina cotidiana, pero no la experiencia de lo real. De hecho, en la encrucijada de lo interno y lo exterior, en la brega por establecer el propio ser y estar en el mundo, es que se halla el centro de gravedad del poemario.
Y sin duda, esa transformación supone el proceso dinámico de una conciencia que, con insistente rigor, encara al mundo y se examina a sí misma a través de «fragmentos de nuestras vidas superpuestas sobre /lo real de su espejo de nuevo».
El estremecimiento esencial privilegiado de la poesía recorre sus composiciones, presto siempre a desencadenar tempestades de belleza que arrasan las pautas acostumbradas de la lógica, la moral, la gramática y el lenguaje poético dócil frente a los cómodos modos de la corrección, la armonía domesticada y el buen gusto domesticado.
El poeta también está rehaciendo su voz expresada en libros anteriores fusionando la recreación de experiencias con la escritura de poemas, a los cuales luego interpreta, lector de sí mismo (el epígrafe que abre el poemario pertenece a Raymundo Nóvak creatura-eje de su poemario La breve eternidad de Raymundo Nóvak) y de la resonancia de obras ajenas en su impulso creador.
La de Lírico puro es, así, una poesía del re-conocimiento: no se orienta hacia un trasmundo metafísico o utópico, sino que redescubre esa otra realidad en la realidad en la cual se respira, se siente, se piensa, se sueña y se muere. Como otros grandes poetas como Martín Adán, Juan Ojeda, Enrique Verástegui, Miguel Ildefonso, o como César Vallejo en Trilce, Gómez Migliaro escribe de (y desde) la descarnada conciencia de un misterio: el de la existencia física, carnal. «el yo se divide uno entre /lo natural y lo obligado del ojo que suma /inclinaciones sin fondo el plano o /de nuevo bosque mental y detalle de los/que quedan desgarrados ante la unidad», declara la voz poética en Lirico puro.
Radical y visceral, la experiencia de hallarse en el mundo es la que alimenta a la imaginación verbal de Lírico puro. La conjetura de la voz lírica señala una forma de entender el ejercicio y el sentido de la poesía. En efecto, la voz del poeta no busca la proliferación y el exceso, sino la esencia, la concentración y el despojamiento.
Para el poeta vivir y crear significan experimentar en una dimensión más honda --y sabia-- al recordar, «reciclar», captando la presencia esencial de lo ausente, el mensaje del silencio y la aceptación de una existencia vivida a plenitud. Todo ello esta vez alcanza su fruto en los poemas cincelados y concisos, siempre al borde de un silencio que no implica fracaso expresivo ni incomunicación, sino depuración vital más allá de las palabras. Así, en las odiseas de saber decir es también esencial aprender a no decir de más.
Independencia, julio-agosto de 2017


Referencias
ÁGREDA, Javier. Lírico puro de Willy Gómez. Reseña publicada en la revista virtual El Montonero. Disponible en: http://elmontonero.pe/columnas/lirico-puro
CÓRDOVA SALINAS, Nivardo. «Willy Gómez Migliaro: “Soy un sobreviviente”».
MEDINA, Katherine. «“La poesía es otra manera de pensar la vida”» Entrevista con Willy Gómez Migliaro publicada en Agenda CIX el 9 de abril de 2017.
PINEDA QUILCA, César. Lírico puro. Palabras de presentación del libro leídas el viernes 21 de julio de 2017 en la Anti-FIL. En la mesa de presentación estuvieron también Franco Osorio-Antúnez de Mayolo Paredes y Teófilo Gutiérrez, editor del libro.

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